lunes, 27 de marzo de 2017

La novela AÑOS LENTOS de Fermando Aramburu.

Este autor salta a la fama por la novela Patria,yo decido empezar a leer por sus libros mas antiguos sobre el tema vasco.
Como forma literaria me parece original el modo de llevar el libro: en principio el protagonista le esta contando su historia al escritor y se relatan o bien por voca del protagonista o del escritor. Es original y no esta mal. Por otro lado como narrador no me parece nada extra.
La novela trata de los años que vive un chico en un San Sebastian convulso por los problemas de ETA y como viven las gentes del barrio este tema, incluido su primo que se tira al monte.
Destacar algunos comentarios:
-Te lo bautizaré en euskera. Hay que empezar de pequeñitos con el idioma.
-A mi primo le tocó padecer las duras condiciones de vida de todos o casi todos los refugiados de entonces, agravadas en su caso por la soledad en que lo dejaron sus compañeros por razones que no están del todo claras.
-Es en 1969 cuando Telesforo Monzón y Piarres Larzabal fundaron Anai Arte en San Juan de Luz con el fin de acoger a los refugiados vascos que cruzaban la frontera huyendo de la policía franquista.
-Haciendo referencia al cura del barrio : Con Victoriano Aseguinolaza ya estará suficientemente tratada la implicación de los curas vascos en las maquinaciones del nacionalismo. Estas sotanas, como diría mi madre, «tienen muuucho pecado» .

Publicado por Tusquets en 2012  ISBN: 9788483833803

domingo, 26 de marzo de 2017

La novela EL CASTILLO DE DIAMANTE de Juan Manuel de Prada (1970) . Muy interesante la historia que cuenta con muchos detalle, que dan toda la sensación de estar bien documentados. Relata la lucha entre dos personajes de una fuerza increíble , por un lado Teresa de Jesús ( Teresa de Aumada), con su fuerza interior y espiritual apoyándose en su Majestad (Dios); y por otro lado la Princesa de Evoli ( Ana de Mendoza), personaje adoradora del poder y celosa de Teresa en cuanto a su conexión espiritual que una principal como ella no es capaz de alcanzar.
Relata como se marido Ruy Gómez de Silva, era el hijo de una de las cortesanas que vinieron a España acompañando a Isabel de Portugal al casarse con Carlos I de España. Este chico se crió con el infante, futuro Felipe II, entablando con el una gran amistad. Lo tuvo de consejero-secretario una buena parte de su reinado siendo este, por su prudencia y mesura, el contrapunto al Duque de Alba.
Le sucedió en el cargo de secretario Antonio Pérez, que se habia curtido a sus pechos.
Algunas frases dignas de recordar:
-"Supuso que eran jesuitas, los terribles jesuitas de labios adelgazados de silogismos y ojos abrasados de pólvora teológica que en unas pocas décadas habían relegado a las ordenes tradicionales".
-"Ana había oído decir a sus detractores que los jesuitas eran sinuosos y resbaladizos como culebras; y que sabían instalar su veneno sin que su adversario se percatase".
-"La astucia en la mujer consiste en saber amoldarse a la coyuntura.Si se esta con muchos, se habla poco,y nunca se porfía en lo que nada importa. A todos se debes hablar con alegría, de ninguna cosa debe hacerse burla, ni se debe reprender a nadie sin discreción ni humildad. Acomódate al carácter de aquel con quien trates: con el alegre, muéstrate alegre, con el triste, triste; y, en fin, hazte a todos para ganarlos. Nunca hables sin pensar antes lo que vas a decir, y no encarezcas mucho las cosas, sino dilas con moderación".
-" Antonio Pérez era el hijo ilegitimo de Gonzalo Pérez, secretario del emperador Carlos y clérigo cuya estrella en la Corte había empezado a declinar precisamente cuando se alzo la de Alba y su partido. Antonio lo adiestro su padre para que algún día vengara las afrentas que le inflingio Alba, como se adiestra a un mastín para que muerda".
"El secreto del predominio o tiranía que Antonio ejercía sobre Felipe se cifraba primeramente en haber descubierto su carácter débil; y después, en haberlo sabido esconder ante quienes en cambio no lo habían descubierto".
 -Felipe había conseguido arrebatar al Papa la facultad de proveer obispos, así
 como reservarse una Inquisición propia e imponer que tanto las indulgencias como cualquier otra disposición romana necesiten sanción real.
-"Ana: Muchas veces quise rezar como vos, mentalmente y en recogimiento, pero nunca pude....Sera que no puse empeño suficiente,o que Dios siempre me esquivo....
Teresa responde: Porque siempre os quedasteis en las primeras moradas, donde el alma aun atiende las preocupaciones del mundo, que acaban por aturdirnos."
-"Ana pregunta: ¿Y como es eso de unirse y desposarse con Dios?. Respuesta de Teresa: El desposorio es como si la lluvia cayese sobre un rio y ya no se puede saber cual es el agua del rio y cual la del cielo."
- Teresa murio en Alba de Tormes en 1582. << ¡Tiempo es ya de que nos veamos, Amado mio y Señor mio! Ya es llegada la hora de que salga de este destierro y mi alma goze de vos, como tanto lo he deseado. >>.

Publicado en 2015 por Espasa Libros S.L.   ISBN 978-84-670-4935-0

martes, 21 de marzo de 2017

Dicho de un pensador oriental:

Quien conoce lo exterior es un ERUDITO
Quien se conoce a si mismo es un SABIO
Quien conquista a los demas es PODEROSO
Quien se conquista a si mismo es INVENCIBLE

Mirian Rojas-Estapé en conferencia en Unv. Guadalajara , Mexico

lunes, 13 de marzo de 2017

Maestras con hiyab y otros disparates por Arturo Perez Reverte

De aquí a un par de años –si es que no ha ocurrido ya– saldrá de las facultades españolas una promoción de jóvenes graduadas en Educación Infantil y Primaria, entre las que algunas llevarán –lo usan ahora, como estudiantes– el pañuelo musulmán llamado hiyab: esa prenda que, según los preceptos del Islam ortodoxo, oculta el cabello de la mujer a fin de preservar su recato, impidiendo que una exhibición excesiva de encantos físicos despierte la lujuria de los hombres.
Ese próximo acontecimiento socioeducativo, tan ejemplarmente multicultural, significa que en poco tiempo esas profesoras con la cabeza cubierta estarán dando clase a niños pequeños de ambos sexos. También a niños no musulmanes, y eso en colegios públicos, pagados por ustedes y yo. O sea, que esas profesoras estarán mostrándose ante sus alumnos, con deliberada naturalidad, llevando en la cabeza un símbolo inequívoco de sumisión y de opresión del hombre sobre la mujer –y no me digan que es un acto de libertad, porque me parto–. Un símbolo religioso, ojo al dato, en esas aulas de las que, por fortuna y no con facilidad, quedaron desterrados hace tiempo los crucifijos. Por ejemplo.
Pero hay algo más grave. Más intolerable que los símbolos. En sus colegios –y a ver quién les niega a esas profesoras el derecho a tener trabajo y a enseñar– serán ellas, con su pañuelo y cuanto el pañuelo significa en ideas sociales y religiosas, las que atenderán las dudas y preguntas de sus alumnos de Infantil y Primaria. Ellas tratarán con esos niños asuntos de tanta trascendencia como moral social, identidad sexual, sexualidad, relaciones entre hombres y mujeres y otros asuntos de importancia; incluida, claro, la visión que esos jovencitos tendrán sobre los valores de la cultura occidental, desde los filósofos griegos, la democracia, el Humanismo, la Ilustración y los derechos y libertades del Hombre –que el Islam ignora con triste frecuencia–, hasta las más avanzadas ideas del presente.
Lo de las profesoras con velo no es una anécdota banal, como pueden sostener algunos demagogos cortos de luces y de libros. Como tampoco lo es que, hace unas semanas, una juez –mujer, para estupefacción mía– diera la razón a una musulmana que denunció a su empresa, una compañía aérea, por impedirle llevar el pañuelo islámico en un lugar de atención al público. Según la sentencia, que además contradice la doctrina del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, obligar en España a una empleada a acatar las normas de una empresa donde hombres y mujeres van uniformados y sin símbolos religiosos ni políticos externos, vulnera la libertad individual y religiosa. Lo que significa, a mi entender –aunque de jurisprudencia sé poco–, que una azafata católica integrista, por ejemplo, acogiéndose a esa sentencia, podría llevar, si sus ideas religiosas se lo aconsejan, un crucifijo de palmo y medio encima del uniforme, dando así público testimonio de su fe. O, yéndonos sin mucho esfuerzo al disparate, que la integrante de una secta religiosa de rito noruego lapón, por ejemplo, pueda ejercer su libertad religiosa poniéndose unos cuernos de reno de peluche en la cabeza, por Navidad, para hacer chequeo de equipajes o para atender a los pasajeros en pleno vuelo.
Y es que no se trata de Islam o no Islam. Tolerar tales usos es dar un paso atrás; desandar los muchos que dimos en la larga conquista de derechos y libertades, de rotura de las cadenas que durante siglos oprimieron al ser humano en nombre de Dios. Es contradecir un progreso y una modernidad fundamentales, a los que ahora renunciamos en nombre de los complejos, el buenismo, la cobardía o la estupidez. Como esos estólidos fantoches que, cada aniversario de la toma de Granada, afirman que España sería mejor de haberse mantenido musulmana.
Y mientras tanto, oh prodigio, las feministas más ultrarradicales, tan propensas a chorradas, callan en todo esto como meretrices –viejo dicho popular, no cosa mía– o como tumbas, que suena menos machista. Están demasiado ocupadas en cosas indispensables, como afirmar que las abejas y las gallinas también son hembras explotadas, que a Quevedo hay que borrarlo de las aulas por misógino, o que las canciones de Sabina son machistas y éste debe corregirse si quiere que lo sigan considerando de izquierdas.
Y aquí seguimos, oigan. Tirando por la borda siglos de lucha. Admitiendo por la puerta de atrás lo que echamos a patadas, con sangre, inteligencia y sacrificio, por la puerta principal. Suicidándonos como idiotas.


Publicada en XLSemanal del 5 de Marzo de 2017.

miércoles, 8 de marzo de 2017


La película FENCES en el cine Cinesur Miramar de Fuengirola

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Sinopsis:
Pittsburg, años cincuenta. Troy Maxon (Denzel Washington) es un un trabajador del sistema de alcantarillado que en su juventud soñó con una carrera como profesional del béisbol. Su sueño se torció porque la primera división del béisbol no admitía jugadores negros, y cuando empezó a admitirlos, Troy ya era demasiado mayor para poder dedicarse a este deporte. Ahora se tiene que conformar con una vida humilde y, aunque se esfuerza por ser un buen marido y padre, su sueño truncado de gloria le corroe, y le lleva a adoptar una decisión que amenaza con destrozar a su familia.
Las vallas, a las que hace referencia el título original, sirven para separar cosas. Para evitar que los de al otro lado entren. Pero, también, para evitar que los de dentro salgan. Y en esa dualidad se mueve Fences, una película de sinopsis simple, pero llena de personajes contradictorios, complejos, de matices que hablan de una época que se va y de otra que llega. En definitiva, de lo que hay a un lado (la vida, la belleza, lo que nos une) y otro (la muerte, la tragedia, lo que nos separa) de la valla.  Basado en una célebre obra de teatro (premio Pulitzer de 1987) del reputado dramaturgo August Wilson, Denzel Washington lleva ahora a pantalla la misma obra que le coronara sobre las tablas de Broadway allá por 2010. Fueron 114 representaciones del texto, junto a Viola Davis, que también repite personaje, y ese bagaje se nota...

Un poco pesada y demasiado encumbramiento del personaje principal (Denzel Washington). Se nota que la pelicula esta dirigida por el por el encumbramiento del personaje.
No recomendaria la pelicula y no es merecedora de los premios a los que optava. Buena la representacion de la sufrida mujer del protagonista, Viola Davis. En absoluto es una pelicula que trate el tema racista, como he leido en alguna publicacion, es una historia de negros en su mundo de negros.


martes, 7 de marzo de 2017

La película MOONLIGHT  en el cine YELMO PLAZA MAYOR de Malaga

Sinopsis

Moonlight es una historia atemporal de relaciones humanas y autodescubrimiento, que narra la vida de un joven que crece en los suburbios de Miami, desde su infancia hasta la edad adulta. Un retrato vital de la vida afroamericana contemporánea que resuena por su profundidad y sus verdades universales.
Dirigida por Barry JenkinsMoonlight se presenta como una de las grandes películas del año, con 8 nominaciones a los Oscars y 6 a los Globos de Oro.

Es inconcebible como un critico ha podido escribir lo anterior. ¿que es eso de la atemporalidad? ¿y que decir del autodescubrimiento?. Enfin un bodrio de pelicula que no se entiende como le han dado los premios que tiene. Los Oscares son cada dia mas farfolla.
La historia que se relata es la vida de un homosexual negro dentro de la comunidad negra. Relacciones de negros entre ellos. Nada recomendable.


sábado, 4 de marzo de 2017

LA CHICA DESCONOCIDA   vista en Cine ALBENIZ de Malaga

Jenny (Adèle Haenel), una joven médico de familia, se siente culpable por no haber abierto la puerta de su consulta a una chica a la que encuentran muerta poco después. Al saber que la policía no tiene forma de identificarla, Jenny tiene un solo empeño: descubrir el nombre de la joven para que no sea enterrada anónimamente y desaparecer como si no hubiera existido nunca.

Muy buena pelicula, bien llevado y con una tematica muy original. Muy recomendable


domingo, 26 de febrero de 2017




La novela SILENCIO de de Shûsaku Endô. Ver la entrada de este Blog de la película Silencio.
Después de ver la polémica película y leer los contradictorios análisis me decido a leer yo la novela.
Hasta el final, cuando empiezan las conversaciones con el japonés jefe, la película es igual que la novela. Mas espectacular la película, sobre todo en las escenas del martirio en el mar crucificados, pero básicamente lo mismo.
El problema para mi gusto es que esta novela esta escrita por un japonés y por lo tanto su punto de vista no es el mismo que el nuestro. Esta absolutamente obsesionado con que Dios actue, diga algo, y esto no es asi. Como espera y no obtiene, reniega. En nuestra cultura lo vemos muchas veces en la actitud de algunos ante la muerte o ante catástrofes responsabilizando a Dios de lo sucedido y en muchas ocasiones origina una separación de esta persona de la Iglesia.
Los comentarios de la película insisten en la importancia de la ultima escena en la que la mujer deposita el crucifijo en el ataúd. Esto en la novela no figura. Pero el sigue creyendo en Dios y en la Iglesia pero a su manera acomodaticia.
Lo que mas me alucina es la actitud de la organización Jesuita sobre la película. Cada vez lo entiendo menos.
Algunos pasajes a destacar:
-Aquellas palabras del Señor: «El que confiese mi nombre ante los hombres, yo le confesaré ante mi Padre, que está en los cielos; pero el que niegue mi nombre ante los hombres, yo también le negaré ante mi Padre, que está en los cielos».

-Si, por un imposible, Dios no existiera...». Era una fantasía aterradora. Si Dios no existiera, ¡qué ridículo resultaba todo! Si no existiera, ¡qué drama tan ridículo las vidas de Ichizô y Mokichi, atados a las estacas y bañados por las olas...! ¡Qué ridículo el espejismo que vinieron persiguiendo los misioneros: tres años largos cruzando mares para llegar a este país! Y ahora, ¡qué aventura tan ridícula la mía, vagando por estos montes sin un alma humana...

-El mismo Javier, gracias a un desliz de su intérprete, tropezó al comienzo con el mismo malentendido. Los japoneses que le oían hablar, pensaban que nuestro Dios era el dios-sol en el que ellos llevaban creyendo tanto tiempo.

- Aquel cuadro, el más dramático de toda la Biblia, cuando Cristo en la última cena le dijo a Judas: «Sal, vete y haz lo que tienes que hacer».
-Pecado, no es lo que se piensa de ordinario, eso de robar, de decir mentiras, no. Pecado es para un hombre cruzar por la vida de otro hombre olvidando las huellas que va dejando en él.
-Deus creó al universo para el bien. Y para el bien, concedió al hombre la inteligencia. Pero hay veces que hacemos lo contrario de lo que nuestra inteligencia nos dicta. Eso es lo que llamamos pecado.
-Y tú, ¿por qué lo dejaste todo de tu mano?» -murmuraba el padre con voz apagada-. «Hasta la aldea que nosotros levantamos por tu causa, ¿la dejaste arder así, sin mover un dedo? Y ¿qué hiciste cuando dispersaron a los vecinos? ¿No les infundiste valor? ¿Te conformaste con guardar silencio, como estas tinieblas que tengo delante? ¿Por qué? Por lo menos enséñame el porqué. Nosotros no somos hombres fuertes como Job, al que hiciste leproso sólo para probarle. Job era un santo, pero estos cristianos, ¿qué son? Hombres pobres y débiles... Y en la tribulación el aguante tiene también un límite. No sigas haciéndonos sufrir más.
-Los padres dicen todos lo mismo... -el intérprete traducía despacio las palabras de otro samuray-, pero mira, hay árboles que dan fruto en un terreno y si los cambias de tierra se secan. Ese árbol que llaman «cristianismo» tendrá hojas, ramaje y flores en el extranjero, pero aquí en el Japón se le secan las hojas y no le nace un brote.
-Dejarse ganar el corazón por el encanto, por la belleza, eso lo puede hacer cualquiera. Eso no tiene nada de amor. Amor es no rechazar una vida humana, un ser humano ajado, convertido en harapos.

-El señor de Hirado, tenía cuatro concubinas, y los celos y peleas entre las cuatro eran continuos. No las aguantó más y a las cuatro las echó del castillo..El señor de Hirado procedio con buen sentido.
Las mujeres se llaman aquí España, Portugal, Holanda e Inglaterra, y cuando les llega su turno de noche, le cargan el oído de chismes a su marido el Japón.
En la misma Goa y en Macao sabían desde hacía tiempo lo que a Inglaterra y Holanda, países protestantes a la espera de abrirse paso en el Japón, les molestaba la ventaja que les habían tomado las naciones católicas España y Portugal, y que con frecuencia las calumniaban ante el shogunado y los japoneses.

Si el padre considera inteligente el proceder de Matsuura, tendrá que admitir que los motivos del Japón para prohibir el cristianismo tienen su punto de razón...El padre responde :


Como nuestra iglesia enseña que a cada varón le corresponde sólo una mujer -el padre prefirió dejar correr la broma-, tiene usted mucha razón al decir que se despida a las concubinas. ¿Qué tal si escogiera el Japón entre esas cuatro a su legítima mujer? -Y su legítima mujer, ¿quién es para usted? Portugal, ¿verdad? -Nada de Portugal. La iglesia católica.

Pero padre, ¿no le parece mejor que el Japón se niegue a elegir a forasteras y una su vida a una mujer del país, a alguien de su plena confianza.
En la iglesia, más que la nacionalidad de la mujer, nos fijamos lo primero en el amor que tiene a su marido... -Claro, por supuesto... Pero si el amor lo arreglara todo en el matrimonio, se acabarían los problemas en este pícaro mundo. Entre otros el problema de las «feas empalagosas» como vulgarmente se dice.
En este mundo hay hombres que lo pasan fatal cuando se empeña en quererles una fea empalagosa. Ya lo creo que sí... -Para vuecencia la predicación del Evangelio es meterle a uno por los ojos un cariño que uno no quiere... -Eso es para nosotros. Y si lo de «fea empalagosa» le molesta, mírelo de este otro modo. Aquí llamamos estéril a la mujer que no puede tener ni criar hijos y todo el mundo dice que es la que menos vale para esposa.
Pues si el cristianismo no da fruto en el Japón, no será la iglesia la culpable. La culpa la tienen, creo yo, los que se han empeñado en arrancar a la mujer de su marido, a la iglesia de sus fieles.Usted, padre, y si quiere, todos ustedes hasta ahora -continuó el señor de Chikugo recalcando las palabras una a una-, por lo visto no entienden lo que es el Japón. Esa impresión da. -Y vuecencia no sabe lo que es el cristianismo.
-Veinte años misionando... -Ferreira seguía repitiendo las mismas palabras con el mismo tono aséptico de voz-, para aprender una sola cosa: que a la hora de la verdad, la fe de usted, nuestra fe, no echa raíces en este país. -Mentira, no es eso -gritó el padre, negando con la cabeza-. Las echa, pero se las cortan.Este país es una ciénaga. Al final usted mismo se convencerá. Verá que es una ciénaga mucho más espantosa de lo que había imaginado. Plantas cualquier arbolillo. Las raíces comienzan a pudrirse, amarillean las hojas y se seca. Nosotros plantamos en esta ciénaga el cristianismo.El ser en que entonces creían los japoneses no es nuestro Dios. Eran sus dioses. Estuvimos mucho, muchísimo tiempo sin saberlo, y quisimos creer que los japoneses se habían hecho cristianos... Ferreira asintió: -El santo (se refiere a Javier ) tampoco cayó nunca en la cuenta. Y sin embargo, la misma palabra «Deus» que les enseñó Javier, la cambiaron a su gusto en Dainichi (gran sol). Para los japoneses, que adoraban al sol, Deus y Dainichi casi sonaban lo mismo. ¿No ha leído la carta de Javier en que cuenta el malentendido.

El cristianismo y la iglesia son realidades que trascienden todo país y lugar. De no ser así, ¿qué sentido tendría nuestra labor misionera? -Los japoneses idealizan al hombre, lo amplifican y al resultado lo llaman dios. Llaman dios a un ser que tiene la misma existencia que el hombre. Pero ése no es el Dios de la iglesia. -¿Esto es todo lo que ha sacado usted de sus veinte años en ese país? -Eso es todo -asintió Ferreira melancólico-. Por eso la misión fue perdiendo todo sentido para mí.

-Si yo apostaté..., ¿se lo digo? Óigalo bien claro. Apostaté porque después del tormento me trajeron aquí y escuché los gemidos de esa pobre gente y Dios no hizo nada por ellos. Le recé a Dios como un desesperado, pero Dios no hizo nada por ellos. Ahora, ese estertor era una acusación a Dios: «¿Por qué tú no dices nunca nada?».

-El sacerdote dice que quiere vivir imitando a Cristo. Pues si Cristo estuviera aquí... Ferreira guardó silencio un instante. En seguida, con voz clara e intensa: -Estoy totalmente seguro. Cristo apostataría por amor a ellos. Eso no puede ser verdad. -El padre se había tapado la cara con las manos y la voz se le filtraba entre los dedos, distorsionada-. No puede ser verdad. -Cristo apostataría. Lo haría por amor. Anulándose totalmente a sí mismo.
-No es que me queje contra ti, Señor, no. Me río sólo del destino del hombre... Mi fe en ti es distinta de la que tenía antes, pero de veras que te sigo queriendo..

Señor, me dolía que estuvieras siempre en silencio... -No estaba en silencio. Estaba sufriendo contigo. Pero tú le dijiste a Judas: «Vete...». Le dijiste: «Vete y haz lo que tienes que hacer». ¿Qué fue de Judas, Señor? -Yo no le dije eso. Le dije a Judas «hazlo» como te he dicho a ti «pisa». Porque Judas tenía dolorido el corazón como tú tienes los pies.


viernes, 17 de febrero de 2017

La mejor inversión de Warren Buffett


Bill y Melinda Gates esperan que su propia historia sirva para recordar por qué la ayuda internacional debe ser una prioridad. Lo cuentan en su Carta Anual titulada 'Querido Warren'

Nuestro mensaje anual del 2017 va dirigido a nuestro querido amigo Warren Buffett, quien en 2006 donó gran parte de su fortuna personal a nuestra fundación para contribuir a la lucha contra las enfermedades y reducir la desigualdad. Hace unos meses, Warren nos propuso reflexionar sobre la labor de nuestra fundación: lo que ha marchado bien, lo que hemos aprendido y lo que esperamos del futuro.
Esta es la carta que nos mandó Warren y que inspiró nuestro mensaje de este año.

A continuación presentamos nuestra respuesta.


Este es uno de nuestros gráficos favoritos: muestra que el número anual de muertes infantiles se ha reducido a la mitad desde 1990.


En 2001, cuando di una charla ante un grupo de amigos tuyos sobre la reducción de la mortalidad infantil, me dijiste que los valores de la fundación coincidían con los tuyos. Warren, salvar niños también coincide con otro de tus valores más arraigados: emplear los recursos de forma sensata y evitar el desperdicio de dinero.



¿Recuerdas cómo nos reímos cuando viajamos juntos a Hong Kong y cenamos en McDonald’s? Tras ofrecerte a pagar la cuenta, te llevaste la mano al bolsillo y sacaste… ¡cupones! Hace poco Melinda desempolvó esta foto, en la que salgo con el gran derrochador. Nos recordó lo mucho que valoras un buen ahorro. Es por ello que queremos presentarte esta cifra: 122 millones. Salvar niños es el mayor ahorro que se puede lograr en el ámbito de la filantropía.
¿Quieres saber cuál es la inversión que genera el mayor ahorro? Las vacunas.

La pobreza extrema se ha reducido a la mitad en los últimos veinticinco años. Es un gran logro que debería hacernos sentir más optimistas.





Con todo, no perdemos el optimismo. Esta capacidad de ayudar sin límite alguno nos brinda la oportunidad de esclarecer misterios y salvar vidas, lo que nos permite finalizar nuestro mensaje con una nota positiva de cara al futuro:
La poliomielitis pronto será historia. La malaria se erradicará en nuestra generación. Pronto, pocas personas contraerán tuberculosis. Los niños de todo el mundo gozarán de una buena alimentación. Y la muerte de un niño en los países en desarrollo será tan poco frecuente como la muerte de un niño en los países ricos.
No podemos poner fecha a cada uno de estos acontecimientos, ni tampoco sabemos en qué orden ocurrirán, pero sí confiamos en algo: el futuro sorprenderá a los pesimistas.

Publicado en El País el 17 Febrero 2017

domingo, 5 de febrero de 2017

En Bouc Bel Air el domingo 5 de febrero el Arzobispo de Aix-Arles, Christophe Defour, nos hablo del silencio de Dios, de la luz del mundo y de algo muy bonito que en frances es  ``sur croitre d'amour´´, cuya traduccion es sobrepasar en amor.


domingo, 29 de enero de 2017



MI VIDA FELIZ COMO MUJER DE UN POLIGAMO

La canadiense Twyla Quinton tenía 16 años cuando, en otoño de 1997, aceptó casarse con un hombre cinco años mayor que ella y al que apenas conocía. Dos años antes, a los 14, había podido rechazar un arreglo matrimonial parecido gracias la complicidad de su madre, que estuvo de acuerdo en que Twyla era aún demasiado joven para casarse.
El matrimonio entre la adolescente y el joven adulto se llevó a cabo el 31 de octubre, víspera de Halloween, en Bountiful, una colonia mormona de 600 habitantes de la Columbia Británica (Canadá) donde había crecido Twyla. La identidad de su marido le había sido revelada unas horas antes. Se trataba de un vecino con el que había coincidido en alguna ocasión, pero con el que apenas tenía trato.


Twyla Quinton aceptó casarse con 16 años con un hombre que apenas conocía. Luego huyó con su familia de la comunidad y quiso adaptarse a la sociedad. Ahí llegaron los problemas.

Aunque la legislación canadiense rechaza los matrimonios forzosos, Twyla se casó por su propia voluntad y lo hizo estando ya en la edad legal de consentimiento, que por entonces estaba fijada en 14 años (Canadá la elevó a los 16 en 2008). Lo irregular llegó dos años después. Esta vez, instigado por Twyla, que por entonces ya había tenido a su primer hijo. La joven madre pidió a Winston Blackmore, líder de la comunidad, que permitiese a su marido y a ella ampliar la familia tomando una nueva esposa. La candidata era April, media hermana menor de Twyla, hija de distinta madre y mismo padre. “Habíamos crecido juntas y me pareció perfectamente natural que compartiésemos marido y criásemos a nuestros hijos juntas”, explica Twyla.
Sin embargo, el nuevo arreglo matrimonial, autorizado sin problemas por Blackmore y consumado en invierno de 2000, sí entraba en conflicto con el código penal canadiense, que en su artículo 293 prohíbe de manera explícita la práctica de la poligamia. Twyla, su marido y su hermana-esposa pasaron a formar parte de un modelo de familia que su país considera fuera de la ley. Un detalle que ellos ignoraban y que no tuvo la menor importancia mientras siguieron residiendo en Bountiful, oasis polígamo en el que la acumulación de esposas resultaba normal y frecuente.




Los problemas llegaron años después, cuando la familia decidió mudarse a otro municipio, a apenas media hora de carretera de la colonia mormona.En 2009, Twyla convenció a su marido de la conveniencia de dejar atrás la atmósfera viciada de Bountiful, matricular a sus hijos (tienen cuatro, dos de cada una de ellas) en una escuela pública, más moderna y diversa, y empezar una nueva vida al margen de la comunidad. “Cuando nuestros hijos explicaron en la escuela que tenían dos madres, todo el mundo dio por supuesto que éramos una pareja de lesbianas”, cuenta Twyla a Vice, “algo que despertó curiosidad, pero no un abierto rechazo”.



Twyla asegura que su relación (un hombre y dos mujeres con dos hijos cada una) ha acabado convirtiéndose en un pacto de convivencia libre. Algo no muy distinto de un trío o una relación poliamorosa

El rechazo vino después, al descubrirse que Twyla y su hermana no eran amantes, sino exiliadas de la comunidad mormona del sur del estado, y formaban parte de una relación polígama. Es decir, que el suyo no era un modelo de convivencia avanzado, sino un atavismo propio de una secta religiosa de mentalidad pre-moderna. Por primera vez, Twyla se planteó que no solo su marido, también su hermana-esposa y ella misma estaban violando la legislación canadiense y se arriesgaban a acabar entre rejas.




En Canadá prohibir y perseguir activamente la poligamia es compatible con la constitución canadiense. Según el jurista Robert Bauman, eso se debe a que se trata de una práctica común en comunidades religiosas “fuertemente patriarcales” y por tanto las mujeres que participan en relaciones polígamas lo hacen, en la mayoría de los casos, “coaccionadas por su entorno y no en condiciones de verdadera libertad”.Bauman argumenta también que penalizar esta práctica y perseguirla de oficio es la única manera de que la sociedad se mantenga vigilante y proteja a las víctimas, “porque ellas, al estar inmersas en comunidades religiosas que aprueban la poligamia, muy difícilmente denunciarán su situación”. En el caso de las hermanas Quinton, la decisión de seguir adelante con su modelo de convivencia a tres después de dejar atrás Bountiful y soltar amarras con la comunidad mormona da pie a un explosivo debate.
Twyla reconoce que en sus orígenes fue una relación polígama, fruto de un matrimonio de conveniencia instigado por líderes religiosos. Sin embargo, en su opinión, ha acabado convirtiéndose en un pacto de convivencia libre entre más de dos personas. Algo no muy distinto de un trío o una relación poliamorosa (tener más de una relación simultánea y tolerada con varias personas), que no son perseguidas en los mismos países que sí persiguen la poligamia. “En un sentido formal”, según apunta el jurista canadiense Tom Dickson, “lo que convierte en delito la poligamia tal y como la practican los mormones es la existencia de una ceremonia en la que ese pacto de vida se hace público”. Para Twyla, “a estas alturas, ya nadie persigue a un adúltero o a un hombre que tenga dos familias”. Lo que se penaliza, en el caso de la poligamia, es hacerla oficial. Salir del armario.




Aunque su unión polígama es ilegal, es muy improbable que se les detenga. Las autoridades de Canadá solo han detenido a adultos mormones casados con menores de 16 años. En la práctica, la ley contra la poligamia es constitucional y no se deroga, pero tampoco se aplica de manera estricta. Twyla, de momento, sigue viviendo en forma de trío.
Al margen de consideraciones legales, para la escritora y periodista peruana Gabriela Wiener, “poligamia y poliamor están en las antípodas la una del otro, aunque tal vez sí pueden llegar a tener un parecido superficial en algún caso concreto”. La misma Wiener ha relatado su propia relación poliamorosa en su libro Llamada perdida (Malpaso Ediciones) y dedicado una crónica al polígamo Ricardo Badani y sus esposas en Sexografías (Melusina). “La clave está en hasta qué punto hablamos de una relación libre y simétrica. En la poligamia, todo gira entorno a las necesidades sexuales y afectivas del hombre, por muy conformes y muy sumisas que lleguen a estar las mujeres implicadas. En el poliamor, en cambio, sí hay (o debe haber) verdadera libertad y simetría”.




Wiener recuerda cómo la convivencia con el polígamo Badani resultaba “confortable y más o menos plácida para sus esposas, que se sentían como hermanas y aliadas en la tarea de cuidar a su hombre, que a su vez cuidaba de ellas”. Un escenario, según lo describe, no muy distinto de la serie Big Love, que aborda frontalmente (y con verosimilitud y sensatez) las contradicciones que afrontan mujeres mormonas del siglo XXI inmersas en una relación polígama. Pero, tal y como Wiener misma apunta, “que se llegue a un cierto punto de equilibrio y de comodidad no quiere decir que estemos hablando de una relación sana y libre. Y, desde luego, algo así no tiene nada que ver con el poliamor”.
En el caso de Twyla Quinton, Wiener señala: “Podríamos estar hablando de una relación poliamorosa sobrevenida si entre ellas dos hubiese atracción sexual o amor romántico. Al no ser, obviamente, el caso, lo que tenemos es un modelo de convivencia atípico, alejado tanto del poliamor como de la forma más tradicional de poligamia y que, en todo caso, despierta curiosidad y merece respeto”. Para la escritora y activista del poliamor Juliette Siegfried, una relación poliamorosa es aquella en la que “se acepta la diversidad sin preguntarse qué es la norma, no se cuentan mentiras y se convive sin dramas”.
Algo parecido a lo que cree tener Twyla Quinton, hoy 36 años, que ha dado la espalda a los aspectos más tóxicos y opresivos de la comunidad en la que creció para quedarse con lo esencial: las personas que le importan.

Resumen de lo publicado en EL PAIS el 29 de Enero de 2017 escrito por M.E. Torres.


Personalmente alucino con los subterfugios que se buscan algunos para considerar poligamias modernas y buenas y poligamias retrogradas siempre con un tilde religioso. También es curioso que no se menta  a los musulmanes, no vaya a ser que te tilen de islamofobo. !Que mundo!.




jueves, 26 de enero de 2017




El libro LEONOR DE AQUITANIA escrito por Régine Pernoud (1909-1998).

Se trata de un ensayo histórico bien documentado sobre la vida de esta mujer que era una adelantada en su época , por su carácter y su capacidad de decisión. Nacida en 1124.
Nacida como heredera del ducado de Aquitania, casa muy joven, posiblemente a la edad normal en esa época, 13 años, con el futuro rey de Francia Luis VII. Tubo dos hijas y se fue a las cruzadas con su marido. En 1149 derrotados vuelven de las cruzadas y surgen las desavenencias entre ellos.
En la época eran excesivamente estricto en la cuestión del parentesco para considerar valido un matrimonio. Leonor se las apaña para anular su matrimonio, corria 1151. En España hay un caso parecido con Berenguela de Castilla y Alfonso IX de Leon los padres de Fernando III el Santo, también los reyes Catolicos tuvieron sus más y sus menos con una bula papal para casarse.
El 21 de Marzo de 1152 contrae nuevo matrimonio con Enrique de Plantagenet, hijo de Godofredo Conde de Anjou y de Matilde, hija de Enrique I Rey de Inglaterra.
En 1154, a la muerte de su abuelo y después de pelear con otros descendientes, es coronado como Enrique II Rey de Inglaterra. Por lo tanto Leonor, la exreina de Francia, es coronada como reina de Inglaterra.
Tuvieron 5 hijos y 3 hijas. Entre ellos cabe destacar los futuros reyes de Inglaterra Ricardo I Corazón de Leon (1189-1199 de reinado) y Juan I Sin Tierra (1199-1216 de reinado). Por otro lado su hija Leonor Plantagenet caso con Alfonso VIII de Castilla el de las Navas, padres de Enrique I de Castilla , Blanca de Castilla casada con Luis VIII de Francia padres a su vez de Luis IX ( San Luis) , Leonor casada con Jaime I El Conquistador , Berenguela casada con Alfonso IX de Leon padres de Fernando III El Santo, Urraca de Castilla casda con Alfonso II de Portugal.
Murio en el convento de Fontevraud el 31 de marzo de 1204 con 80 años de edad. Alli esta enterrada junto a una gran parte de su familia.
Ver la entrada de este Blog "Genealogía de los Reyes de Castilla y León de los siglos XII al XIV" del 25 de Junio de 2014



Titulo original :Aliénor d'Aquitaine  Editado por Editions Albin Mivhel en 2005
Traducción : Isabel de Riquer Publicado por Acantilado en 2009 ISBN : 978-84-92649-10-5


viernes, 13 de enero de 2017

La Película  EL SILENCIO en el cine CINESA ZARATAN



Película: Silence (Silencio). Dirección: Martin Scorsese. País: USA. Año: 2016. Género: Drama. Reparto: Liam Neeson, Andrew Garfield, Tadanobu Asano, Adam Driver, Ciarán Hinds. Guion: Jay Cockcs; basado en la novela “Chinmoku” (Silencio), de Shûsaku Endô. Música: Kathryn Kluge y Kim Allen Kluge. Estreno en España: 6 Enero 2017.






ACI PRENSA, 09 Ene. 17.-  La directora de Citizens for a Pro-life Society (Ciudadanos para una Sociedad Pro-Vida) y profesora de Teología en Madonna University en Michigan, escribió un exhaustivo análisis sobre el filme “Silence” (El Silencio) de Martin Scorsese, que trata sobre la persecución de misioneros católicos y sobre la crisis de fe de su protagonista en el Japón del siglo XVII.
El trailer oficial de la recién estrenada película de Martin Scorsese, Silence da la impresión de que trata sobre misioneros en Japón y de cómo los católicos sufrieron valientemente la persecución por el bien de la fe. Sin embargo, este no es el verdadero foco de esta inquietante película y los cinéfilos no deben ser atraídos hacia esa dirección.
Cualquiera que esté familiarizado con la obra cinematográfica de Scorsese sabe que se trata de un director de cine que, cuando se trata de asuntos religiosos, aportará ambigüedad y conclusiones inquietantes, y en ese sentido, Silence no decepciona. Esta película no se trata de mártires cristianos, sino de cristianos que evitan el martirio.
El filme adapta fielmente el libro ficticio y homónimo de Shusaku Endo. La historia se desarrolla en el siglo XVII, cuando los católicos sufrieron persecución bajo el shogunato Tokugawa. Dos jesuitas portugueses, los padres Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver), viajan a Japón para buscar a su mentor, el P. Ferreira (Liam Neeson), del cual se rumorea que apostató públicamente. Los jóvenes sacerdotes no pueden creer que su guía espiritual haría tal cosa, por ello están motivados a encontrar la verdad; y si Ferreira negó a Cristo, se sentirían obligados a salvar su alma.
Ellos son guiados en el país por el espiritualmente torturado japonés, Christian Kichijiro (Yosuke Kubozuka), que literalmente le confiesa a Rodrigues que es un apóstata. Cuando alguien es sospechoso de ser un cristiano, se ve obligado a pisar imágenes de Jesús o María talladas en bronce o en madera. Por esta negación de la fe generalmente se ahorra la tortura y la ejecución. Kichijiro escapó del sufrimiento al pisar una imagen, mientras que los miembros de su familia rechazaron negar a Cristo y fueron quemados vivos.
Los dos sacerdotes sirven fielmente a los católicos japoneses que se ven obligados a practicar su fe en secreto. Al ser privados de los sacramentos, se alegran de tener sacerdotes que les proporcionen alimento espiritual.
Sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que las autoridades descubran este nido de creyentes ocultos y seleccionen a cuatro para ser ejecutados. Es aquí, apenas a mitad de camino de la película, que Silence termina su narrativa sobre los mártires heroicos y se convierte en una película que explora el silencio de Dios en medio del sufrimiento, tal como lo experimenta su personaje principal Rodrigues.
Este no solo perturba a Garupe, sino también al público, cuando impulsa vigorosamente a los cristianos japoneses a "pisotear" el fumie (ndt. imagen de Cristo). ¿Cuál es la fuente de tal consejo? Para el idealista Rodrigues la práctica de la fe en una tierra extraña y en terribles condiciones suscitó en él interrogantes y confusiones respecto a la presencia de Dios. Comenzó a luchar con el aparente "silencio" de Dios. Es una debilidad de la película que exista poco desarrollo del carácter con respecto a esta crisis de fe.
La película es impulsada por el drama de los cristianos católicos: si van a defender su fe y enfrentar muertes terribles (de hecho es increíble el ingenio puesto sobre la tortura humana) o si pisotean a Cristo y escapan del terror.
En el corazón de este drama está la tensión creada por la propia lucha de Rodrigues para permanecer fiel aun mientras él, paradójicamente, insta e incluso reza para que otros nieguen a Cristo y sean perdonados. Más tarde, él incluso exhorta inútilmente al P. Garupe y a los católicos con quienes fue detenido, a apostatar.
Silence se centra en la apostasía como medio para evitar el sufrimiento. Rodrigues lo promueve varias veces en la película, pero solo cuando está en juego el sufrimiento de los demás. Curiosamente, mientras este camino es impulsado por otros, Rodrigues desea permanecer firme. Al inicio del filme narra que está enamorado del rostro de su Señor y por ello no podría pisotear su imagen.
Finalmente Rodrigues también es capturado con un pequeño grupo de compañeros católicos. Siendo prisionero las autoridades deciden que el mentor perdido, Ferreira, lo visite. Rodrigues se horroriza al oír de los mismos labios de su maestro que efectivamente apostató; los rumores eran ciertos.
Ferreira ahora vivía cómodamente como pupilo del estado, casado y con hijos. Practicaba el budismo y escribía de libros para el gobierno que desprestigiaban el cristianismo. Aquí es donde entra en juego otro nivel de ambigüedad propia de Scorsese. Ferreira le dice a Rodrigues que no hay verdaderos conversos japoneses. Más bien, todos los llamados cristianos japoneses nunca tuvieron realmente la fe; no creían en Jesús como Hijo de Dios, sin embargo creían que el verdadero "Hijo" era el orberojo que se levanta por la mañana.
Decía que solo eran un puñado de paganos, que cuando eran martirizados no morían por la fe en absoluto. No está claro si este discurso es entendido por el cineasta como una evaluación real del catolicismo japonés o si Ferreira simplemente está tratando de desmoralizar a su ex alumno. Si es lo primero, entonces ciertamente no hay cristianismo auténtico en Japón, los martirios son huecos y el espectador se ve obligado a lidiar con esta posibilidad. En cualquier caso, el ex mentor de Rodrigues se convenció al menos de que esto es cierto.
Rodrigues hace una buena pelea ante Ferreira, ante los representantes del Inquisidor e incluso el Gran Inquisidor mismo. Él es su trofeo. Golpee al pastor del rebaño y las ovejas se dispersarán, pero el medio de golpear al líder es golpear a las ovejas. Cuanto más se sostiene, más torturan a otros y en este conflicto Rodrigues experimenta el silencio de Dios como abandono.
En el clímax de la película, los cristianos japoneses son torturados horriblemente y Rodrigues se ve obligado a mirar. Si solo pisara el fumie colocado en el suelo, la tortura terminaría. Ferreira lo está instando, como Rodrigues mismo había instado a otros, a pisar el rostro de Jesús. Y, por supuesto, la apostasía, como en todos los demás casos, está relacionada con poner fin al sufrimiento humano. Es esta escena que hace de la película Scorsese un fracaso teológico.
Ferreira es el personaje de Judas, pero no está muy claro si este Judas funciona negativamente o positivamente. ¿Es este un Judas que trabaja contra Cristo? ¿Es este un Judas, como el del texto gnóstico ‘El Evangelio de Judas’ que en realidad ayuda a Jesús a cumplir su misión? Ferreira le dice a Rodrigues: "Si Cristo estuviera aquí, él apostataría por ellos" y "renunciar a tu fe es el acto más doloroso de amor". Entonces se oye la voz de Jesús desde la placa de bronce de Cristo crucificado que le dice a Rodríguez: ‘¡Pisame! Llevé esta cruz por tu dolor’. Con el permiso de Cristo, Rodrigues niega a su Señor. La apostasía, esta vez suya, detiene el sufrimiento de los demás, y los cristianos no son martirizados.
Este es el aspecto más preocupante de Silence. Jesús da permiso para traicionarlo, da a los cristianos permiso para fracasar en su testimonio. Haría una gran diferencia si la película tiene la intención que se trate de la voz de Cristo dirigida Rodrigues o si la voz es solo algo que Rodrigues creó en su propia cabeza. En opinión de esta revisora, Scorsese pretende que esta sea la voz de Cristo que despeja el camino hacia el fracaso.
 En primer lugar, técnicamente hablando, es un sonido que proviene fuera de Rodrigues, que emana de la imagen hacia él. La voz no se presenta como algo que viene del interior de la conciencia de Rodrigues.
¿Por qué Scorsese, basado en Endo, nos da un Cristo que provee a sus seguidores permiso para fracasar? Puesto que Rodrigues recomienda la apostasía solo para evitar el sufrimiento, se podría concluir que el sufrimiento triunfa sobre la fe, que para el bien de evitar el dolor horrible, la negación de Cristo es justificada, ya que es Jesús quien lleva esta cruz por tu dolor. La ética es contraria a la fe cristiana y la moral, es decir, hacer el mal por el bien.
También se podría concluir que este Jesús es una teología en la cual su sufrimiento no tiene ningún valor. Los seres humanos, debido a su naturaleza pecaminosa inherente, fracasarán inevitablemente, a pesar de todos los objetivos elevados y las expectativas personales; y al final, todo lo que importa es la presencia silenciosa de Dios para aquellos que sufren.
Sin embargo, este es un mensaje cristiano insuficiente, especialmente cuando se considera que a los ojos de Dios el sufrimiento humano tiene valor salvífico, como decía el propio San Pablo: "Aun ahora encuentro mi gozo en el sufrimiento que soporto por vosotros. En mi propia carne lleno los sufrimientos de Cristo por causa de su cuerpo, la Iglesia".
O cuando Rodrigues pisa a Jesús, esto está destinado a ser de hecho el "acto más doloroso de amor" al rendirse de su propio ideal en aras de salvar a otros. Sin embargo, esta interpretación se debilita seriamente por el hecho de que él se vuelve miserable después y durante décadas seguirá realizando repetidos actos de apostasía.
Sin embargo, si la voz es justamente la justificación de Rodrigues para negar a Cristo, entonces es un verdadero apóstata y la película funciona como un cuento de la presencia permanente de Dios para todos los que sufren y el sufrimiento de los mártires, así como también para Rodrigues y Kichijiro, atormentados por el remordimiento y la culpa por su fracaso.
Jesús está allí silenciosamente en el sufrimiento de todos, como la "voz" de la imagen dice: "Yo llevé esta cruz por tu dolor". Y esto funciona bien cuando uno considera que Kichijiro comete apostasía una y otra vez, e incluso es un Judas que traiciona a Rodrigues ante las autoridades.
Sin embargo, siempre busca al sacerdote que confiese sus pecados para recibir la absolución. Y ciertamente la misericordia existe para aquellos que fallan. Silencio ilustra conmovedoramente este punto. De hecho, Rodrigues sigue a Ferreira, quien irónicamente terminó de guiarlo a la vida de un sacerdote apóstata. Pero mucho después de que Rodrigues abandone el sacerdocio, Kichijiro lo encuentra y le ruega que escuche su confesión, y Rodrigues vuelve a darle la absolución por la que anhela.
Excepto por Cristo diciéndole a Rodrigues que "lo pise" esta escena de perdón sería el clímax de la película, y por lo tanto Silence trataría sobre la presencia silenciosa de Dios para todos, incluso a aquellos que fracasan. Pero este posible clímax se ve abrumado por el inquietante permiso de Cristo a fracasar.
La primera escena culminante sumerge la película de Scorsese en una soteriología problemática y errónea. El final de la película intenta mostrar un cierto nivel de redención para Rodrigues quien aparentemente permaneció como cristiano en privado, pero no es lo suficientemente poderoso para superar una representación de Cristo que conduce a su fiel servidor a negarlo.
Esta película examina seriamente temas e ideas cristianas. Pero, ¿debería ser este filme necesariamente llamado una película cristiana? Yo creo que no. Una película cristiana no puede simplemente explorar, sino que debe concluir de una manera que sea consistente con el mensaje del evangelio, aunque sea poco convencional, provocativa o presentada de manera innovadora.
Debe haber el Cristo de los Evangelios que, en lugar de ordenar a sus fieles seguidores que lo pisoteen, los llama a seguirlo hasta la Cruz. El Cristo que más bien asegura a sus fieles: "De la copa que bebo de vosotros beberéis; y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado”.
Los creyentes que esperan una película que explore las ideas cristianas desde un contexto cristiano auténtico, no deberían verla. Silence tampoco debe ser visto por los jóvenes, o aquellos cuya fe no es fuerte como la teología compleja, inteligente y seductora de esta película.
Sin embargo, si usted es un cristiano maduro buscando una película finamente elaborada, bien actuada, inquietante que provoca pensamiento y debates, entonces Silence es para usted. Que empiece el debate.

ACI PRENSA, LOS ANGELES, 02 Ene.17
Mons. Robert Barron, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Los Ángeles, hace la siguiente crítica sobre el filme:
El catolicismo de Scorsese, aunque mitigado y en conflicto, inspira la mayor parte de su obra. Su filme más reciente, el tan esperado Silence, basado en la novela homónima de Shusaku Endo, es una adición digna a su filmografía. Al igual que muchas de sus otras películas, está marcada por una magnífica cinematografía, excelentes actuaciones tanto de actores principales como de actores secundarios, una narrativa apasionante y suficiente complejidad temática para mantenerte pensando en el futuro previsible.
La historia se desarrolla a mediados del siglo XVII en Japón, donde está en marcha una feroz persecución contra la fe católica. A este peligroso país llegan dos jóvenes sacerdotes jesuitas (interpretados por Adam Driver y Andrew Garfield), descendientes espirituales de San Francisco Javier que son enviados a encontrar al P. Ferreira, su mentor y profesor de seminario que, según los rumores, había apostatado bajo tortura y, en realidad, había pasado al otro lado.
Inmediatamente al llegar a tierra, son recibidos por un pequeño grupo de cristianos japoneses que habían mantenido su fe bajo tierra durante muchos años. Debido al peligro extremo, los jóvenes sacerdotes se ven obligados a esconderse durante el día, pero pueden participar en el ministerio clandestino por la noche: bautizando, catequizando, confesando, celebrando la Misa. Sin embargo, en poco tiempo las autoridades se dieron cuenta de su presencia y empezaron a sospechar de los cristianos locales, a quienes rodearon y torturaron con la esperanza de atraer a la luz a los sacerdotes.
La escena más memorable de la película, al menos para mí, fue la crucifixión en el mar de cuatro de estos valientes creyentes laicos, quienes atados a unas cruces en la orilla, son golpeados por la marea hasta ahogarse en el transcurso de varios días.
Posteriormente, sus cuerpos se colocan en piras de paja y son quemados hasta convertirse en cenizas, apareciendo para todo el mundo como holocaustos ofrecidos al Señor. Con el tiempo, los sacerdotes son capturados y sometidos a una forma única y terrible de tortura psicológica.
La película se centra en las luchas del P. Rodrigues. Como cristianos japoneses, hombres y mujeres que habían arriesgado sus vidas para protegerlo, son torturados en su presencia y se le invita a renunciar a su fe para poner fin al tormento. Con tan solo pisotear una imagen cristiana, realizar un mero signo externo o una formalidad vacía, liberaría a sus colegas del dolor, pero como buen guerrero, se niega.
Incluso cuando un cristiano japonés es decapitado, no se rinde. Finalmente, y es la escena más devastadora en la película, es llevado ante el P. Ferreira, el mentor que había estado buscando desde su llegada a Japón.
Todos los rumores eran ciertos: este antiguo maestro de la vida cristiana, este héroe jesuita, renunció a su fe, tomó una esposa japonesa y vivía como una especie de filósofo bajo la protección del Estado.
Utilizando una variedad de argumentos, el sacerdote en desgracia trata de convencer a su ex alumno de que abandone la misión de evangelizar en Japón, país que denominó como un "pantano" donde la semilla del cristianismo nunca puede arraigar.
Al día siguiente ante la presencia de cristianos terriblemente torturados, colgados al revés dentro de un pozo lleno de excrementos, se le da nuevamente la oportunidad de pisar una representación del rostro de Cristo.
En el apogeo de su angustia, resistiendo desde el fondo de su corazón, Rodrigues oye lo que él cree que es la voz de Jesús mismo, y finalmente rompe el silencio divino diciéndole que pisotee la imagen. Cuando lo hace, un gallo canta a la distancia.
A raíz de su apostasía, sigue las huellas de Ferreira y se vuelve un pupilo del Estado, un filósofo bien alimentado y bien provisto, a los que regularmente se les llama a pisar una imagen cristiana y renunciar formalmente a su fe. Luego, toma un nombre japonés, una esposa japonesa y vive por muchos años en Japón hasta el día su muerte a la edad de 64, recibiendo un entierro en una ceremonia budista.
¿Qué debemos hacer ante esta historia extraña e inquietante? Como cualquier gran película o novela, Silence obviamente resiste una interpretación unívoca o unilateral. De hecho, casi todos los comentarios que he leído, especialmente de gente religiosa, enfatizan cómo Silence trae maravillosamente la compleja, acodada y ambigua naturaleza de la fe.
Reconociendo plenamente la profunda verdad psicológica y espiritual de esa afirmación, me pregunto si podría añadir una voz algo disidente a la conversación. Me gustaría proponer una comparación, totalmente justificada por los instintos de un soldado llamado Ignacio de Loyola, que fundó la orden jesuita a la que pertenecían todos los misioneros de Silence.
Supongamos que un pequeño equipo de operaciones especiales americanas altamente entrenadas es colocado detrás de las líneas enemigas para una misión peligrosa.
Supongamos, además, que fueron ayudados por civiles leales en el terreno, quienes finalmente son capturados y demuestran estar dispuestos a morir antes que traicionar la misión.
Supongamos, finalmente, que las propias tropas son finalmente detenidas y, bajo tortura, renuncian a su lealtad a los Estados Unidos, se unen a sus oponentes y viven una vida cómoda bajo los auspicios de sus antiguos enemigos. ¿Estaría alguien ansioso de celebrar las complejas capas y la rica ambigüedad de su patriotismo? ¿No los veríamos directamente como cobardes y traidores?
Mi preocupación es que toda la tensión en la complejidad, multivalencia y ambigüedad está al servicio de la élite cultural de hoy, que no es tan diferente de la élite cultural japonesa representada en la película.
Lo que quiero decir es que el establishment secular siempre prefiere a los cristianos vacilantes, inseguros, divididos y ansiosos por privatizar su religión. Y está demasiado dispuesto a desechar a las personas apasionadamente religiosas tildándolas de peligrosas, violentas, y seamos realistas, no tan brillantes.
Revisa el discurso de Ferreira a Rodrigues sobre el supuesto cristianismo simplista del laicado japonés si dudas de mí en este punto. Me pregunto si Shusaku Endo (y quizás Scorsese) nos estaba invitando a apartar la mirada de los sacerdotes y redirigirla a ese maravilloso grupo de piadosos, dedicados y pacifistas laicos que mantuvieron viva la fe cristiana bajo las condiciones más inhóspitas imaginables, y que en el momento decisivo, presenciaron a Cristo con sus vidas.
Mientras que los especialmente entrenados Ferreira y Rodrigues se convirtieron en lacayos pagados de un gobierno tiránico, simples personas que seguían siendo una espina en el lado de la tiranía.
Lo sé, lo sé. Scorsese muestra el cadáver de Rodrigues dentro de su ataúd sosteniendo un pequeño crucifijo, lo que prueba, supongo, que el sacerdote permaneció en cierto sentido cristiano.
Pero otra vez, esa es justamente la clase de cristianismo que la cultura reinante tiene gusto: totalmente privatizado, escondido, inofensivo. Así que bien, tal vez un medio trago para Rodrigues, pero tres tragos con los vasos llenos por los mártires crucificados en la playa.

Personalmente la película me produjo un gran desasosiego. Te deja absolutamente noqueado. Considero que es una película que va a crear mucha confusión y no seria recomendable para personas sin una fe madura. El silencio de Dios se nos da todos los días ante cualquier revés de la vida. Hay personas que se revelan y no lo entienden, pero es asi. Recurdo aquello que se contaba de uno que le se quejaba a Dios de no haberle socorrido cuando le llamo muchas veces y Dios le contesto que si recordaba las huellas de pasos detrás suya , pues eran las mias. Tendría que volver a verla para profundizar en detalles y en conversaciones.


EL MISTERIO DE UN DIOS SILENCIOSO por Jose Maria Rodríguez Olaizola SJ. Publicado en Facebook el 12 de Enero de 2017.
¿Por qué, si Dios es bueno, permite el sufrimiento de sus hijos? ¿Por qué calla? ¿Por qué no se hace más visible? ¿Por qué ante la duda no se manifiesta? ¿Por qué la única respuesta a nuestras plegarias es su silencio? ¿Por qué un Dios omnipotente no es un Dios evidente? Estas preguntas no son nuevas. Son universales. Hombres y mujeres de todas las épocas y culturas se enfrentan, en algún momento, con la dureza del silencio de Dios y con las afiladas aristas de estos interrogantes. Nos muerden. Nos descolocan. Son el punto sin retorno de la fe. Son el lugar en el que se estrella nuestra duda, y donde naufragan nuestras certezas.
Caben dos respuestas:
1) No habla porque no está. No existe. Es tan solo un anhelo, una búsqueda desesperada de sentido, de seguridad, de un horizonte que nos permita creer que la vida es algo más que esto de ahora. Pero por más que nos empeñemos nunca lo oiremos porque no existe. La vida solo es esto. Nosotros, nuestra inteligencia, nuestra creatividad, nuestra capacidad de amar y de odiar, de hacer el bien y de herir, somos tan solo fruto de la casualidad, de una improbable evolución que, sin embargo, ocurrió. Y aquí estamos, fantaseando sobre un creador que nos quiere, que da sentido a nuestra vida y que hasta nos hace creer que tras la muerte hay algo más; porque nos da miedo sentirnos solos y abocados a la desaparición.
2) Dios habita en el silencio. O es silencio tanto como palabra. Su capacidad creadora, su intención volcada en nosotros; su deseo de encuentro; su vaciarse en unos seres que estaríamos creados a su imagen y semejanza… Todo ello pasa por una libertad que da vértigo. Un Dios que impusiese su verdad, su evidencia, su poder, no sería un Padre, sino un dueño. No estaríamos creados a su imagen, sino como pobres marionetas obligadas a obedecer a su voz. El silencio es el precio de la libertad y de nuestra necesidad de conquistar lo que, juntos, podemos llegar a ser. La fe cristiana da un paso más y ha reconocido que si, de alguna manera, podemos intuir una palabra de Dios, no será rompiendo lo que somos, sino en nuestra historia, en nuestro lenguaje, en nuestra humanidad, palabra encarnada o palabra inspirada.
He ahí el dilema. ¿El silencio es ausencia o es reto? ¿Es negación o es llamada? ¿Es vacío o es el camino? Ante ese dilema, en esa encrucijada, hay un punto de dolorosa incertidumbre al elegir. Porque negar a Dios deja muchas preguntas abiertas, sobre el origen, el sentido, la posible finalidad de lo que somos. Pero afirmarlo no resuelve muchas otras.
Esta es la angustia, la desolación, la incertidumbre y la pregunta del Padre Rodrigues, enfrentado al silencio de Dios ante el sufrimiento de un pueblo golpeado. Un Dios que sigue callado en Siria, en el Mediterráneo, en los infiernos de la droga, en los burdeles de Tailandia, en los hogares donde hay malos tratos. ¿O acaso su Palabra ya está dicha?.

¿Qué significado tiene un gesto que no es libre? ¿Qué valor tiene la negación cuando es obtenida por la fuerza, con amenazas, o como precio para salvar a otros del sufrimiento? Otro de los terribles dilemas que se plantea en “Silencio” es ese: ¿Qué es más cristiano? ¿Afirmar la fe, caiga quien caiga, o negarla y aliviar la tortura, propia, o de otros? En “Silencio” aparecen todas las respuestas. El mártir que da la vida. El que apostata. El que niega y se arrepiente una y otra vez. El que lo justifica. El que se resiste. Y hasta el enigma de no saber qué pasa en el interior de las personas que han pasado por una situación así.
Pienso que el dilema sobre lo que debe hacerse en esta situación es “teórico”. Por teórico no quiero decir irreal ni falso. Lo único que quiero decir es que solo podemos reflexionar y discutir sobre lo que creemos que debería hacerse en una situación así. Porque a la hora de la verdad, pienso que ninguno, ni los más convencidos o firmes, ni los más inseguros, sabemos cómo reaccionaríamos ante una situación de tortura, un chantaje existencial o afectivo tan límite como el que ha de afrontar el padre Rodrigues (apostatar para evitarle el sufrimiento a otros, o mantenerse firme y aceptar las consecuencias).
Ninguno podemos prever con una seguridad del 100% cómo reaccionaríamos. Tal vez podemos intuir cómo querríamos comportarnos. Pero puede que a la hora de la verdad, el más soberbio de los hombres sea el más vulnerable (algo de eso afirma uno de los torturadores en “Silencio” al decir, tras interrogar al padre Rodrigues, “es arrogante, así que se rendirá”). Y quizás el que podría creerse más débil puede encontrar, en una encrucijada, unas fuerzas, una resistencia o una dignidad que ni imaginaba tener. La realidad va mucho más allá de nuestras teorías.
Entonces, dicho esto, lo que sí brota, tras ver silencio, es la discusión teórica. “¿Tú qué harías?” “¿Tú qué crees que habría que hacer?”. Seguro que más de un grupo de amigos nos hemos enzarzado en ese diálogo tras salir de la película.
Por una parte, quien afirma que habría que resistir, y negarse a apostatar, lo hace con el argumento de la libertad radical del ser humano, una libertad que ha de ser también libertad religiosa, para creer y vivir de acuerdo con esa fe. Y con el argumento del testimonio y su influencia en otras personas. ¿Qué van a pensar los cristianos de las villas de Japón si sus sacerdotes, que les han hablado de Cristo crucificado, sin embargo no son capaces de afrontar su propia cruz? Este dilema se plantea con claridad en la película. (y sigue planteándose hoy en muchos contextos a los cristianos perseguidos).
En el otro extremo, está quien defiende que no habría que empeñarse en esa resistencia, dado que es evidente la coerción –y por tanto, la falsedad- de cualquier declaración obtenida por la fuerza. Y, en el caso de “Silencio”, con el agravante de la tortura a terceros como consecuencia de dicha resistencia. ¿Es legítimo argumentar desde ahí? ¿No es puro utilitarismo? .


Publicado en L'Osservatore Romano el 11 Enero de 2017 por  Juan Manuel De Prada
En 1988, Martin Scorsese leyó con admiración y sobrecogimiento Silencio, una novela del escritor católico japonés Shūsaku Endō (1923-1996). En seguida supo que algún día tendría que hacer con ella una adaptación cinematográfica, que sin embargo se dilataría durante tres décadas, por diversos problemas financieros y artísticos. Silencio se trata, en su aparente sencillez y despojamiento, de una obra extraordinariamente compleja, no exenta de similitudes con El poder y la gloria, de Graham Greene. Publicada en 1966, se convertiría pronto en epicentro de una agitada controversia, por tratar el espinoso asunto de la persecución sufrida por los cristianos nipones desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, con hitos tan dramáticos como la expulsión de todos los misioneros (1614) o la llamada Rebelión Shimabara (1637-38), que tras ser salvajemente sofocada daría lugar al “período Sakoku”, en el que el culto cristiano fue por completo prohibido. Sobre este desgarrador telón de fondo traza Endō la peripecia de Silencio, que recrea libremente la historia del jesuita portugués Cristóvão Ferreira (1580-1650), quien llegara a ser provincial en el Japón y a sufrir terribles torturas durante la época de persecución más sangrienta, antes de apostatar y adoptar el nombre de Sawano Chuan. La figura de Ferreira se convierte –a imitación del Kurtz de Joseph Conrad-- en el corazón tenebroso de la novela de Endō, en la que se narra la odisea de dos jóvenes jesuitas, los padres Sebastião Rodrigues y Francisco Garupe, que viajan desde Macao al Japón, dispuestos a conocer la verdad sobre su superior.

Algunos detractores de Endō han juzgado que Silencio es una novela “ambigua” en términos religiosos, por postular una vivencia privada de la fe y señalar la inutilidad del martirio. Pero se trata de una lectura simplista que la propia complejidad moral y teológica de la novela desmiente. La novela de Endō nos muestra el combate de la fe en circunstancias de sufrimiento extremo, allá donde la capacidad de resistencia humana se enfrenta al silencio de Dios. Desde luego, no hallamos en ella esa moralina edulcorada que tanto gusta a cierto catolicismo emotivista, tan propenso a brindar soluciones netas y facilonas (también irreales) a las cuestiones más delicadas y desgarradoras. Silencio es una novela que –como pedía Flannery O’Connor al artista católico—se adentra en “un territorio que es en gran medida propiedad del Enemigo” y se enfrenta al problema del Mal y del sufrimiento, mostrando sin ambages las tribulaciones de la fe en medio de una persecución crudelísima. Hay pasajes en la novela de una crudeza que nos hiela la sangre en las venas, en los que Endō nos describe los tormentos a los que fueron sometidos los mártires japoneses. Y hay pasajes de una potencia espiritual y una condensación teológica sublimes, en los que se exalta la heroicidad y la grandeza del martirio. Pero también hay en la novela un esfuerzo por comprender las flaquezas de quienes claudican por falta de valor, como el personaje a la vez bufonesco y trágico de Kichijiro, un truhán que una y otra vez niega a Cristo y delata a otros cristianos, pero una y otra vez reclama y encuentra perdón en el padre Rodrigues, a quien vuelve como un perrillo sin amo. Porque Cristo, en efecto, quiso salvar también a Judas, sabiendo que en todo Judas alienta un potencial Pedro. Así lo expresa el padre Rodrigues, en un pasaje especialmente revelador de la novela: “Cristo, en la Última Cena, le dijo a Judas: ‘Sal, ve y haz lo que tengas que hacer’. Ni aun ahora que soy sacerdote he podido captar bien el sentido de esas palabras. ¿Qué sentiría Cristo al lanzar esas palabras a la cara del hombre que le iba a vender por treinta piezas de plata? ¿Las diría con ira y con odio? ¿O serían más bien palabras nacidas del amor? Si eran palabras de ira, Cristo en ese momento estaba negando la salvación a este solo hombre entre todos los hombres del mundo. Judas habría recibido de lleno el ramalazo de la ira de Cristo y no se habría salvado; y el Señor habría abandonado a su suerte a un hombre caído para siempre en el pecado. Pero eso no podía ser. Cristo trató de salvar incluso a Judas. De no ser así, no tiene sentido que lo hiciera uno de sus discípulos”.
Silencio nos enseña que la misericordia de Dios también comparte el sufrimiento de quienes reniegan de él; pues, como leemos en otro pasaje de la novela: “¿Quién puede asegurar que los débiles hayan sufrido menos que los fuertes?”. Pero sin duda el aspecto más controvertido de la novela de Endō –y de la película de Scorsese— es la solución final que adoptan los padres Ferreira y Rodrigues, que apostatan públicamente y prosiguen su labor evangelizadora en la clandestinidad. No se trata, ni mucho menos, de una vivencia privada y comodona de la fe, sino de una dolorosa renuncia a propagar en los terrados el Evangelio, a cambio de evitar el exterminio de sus hermanos. La novela de Endō, en fin, nos propone una reflexión sobre la llamada “disciplina del arcano”, que tiene un evidente fundamento evangélico: “No deis a los perros lo que es santo; no echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas y después, volviéndose, os despedacen” (Mt 7, 6). El propio San Agustín recomendaba a sus fieles que, para evitar la reacción furibunda de los paganos, ocultasen por prudencia sus creencias. Dios no quiere que rehuyamos el martirio; pero mucho menos quiere que nos arrojemos al martirio insensatamente, o que nuestra insensatez arroje al martirio a nuestros hermanos. Por supuesto, esta disciplina del arcano puede ser la coartada perfecta para los cobardes que callan y otorgan, deseosos de obtener las recompensas que ofrece el mundo, mientras los valientes son sacrificados; pero esta no es la tesis que se defiende en Silencio, donde en todo momento se nos presenta la fingida apostasía de los protagonistas como un trágico acto de amor a sus feligreses.
Antes de que Scorsese adaptara para la gran pantalla Silencio ya lo había hecho Masahiro Shinoda en Chinmoku (1971), una obra de grandes cualidades fílmicas que, sin embargo, desvirtúa por completo el sentido de la novela, al pretender que el padre Rodrigues, tras apostatar, se deja arrastrar por la desesperación (como se deduce de una desafortunadísima secuencia final). La versión de Scorsese, por el contrario, es escrupulosamente fiel al original, tanto en la forma como en el fondo. Para traducir en imágenes el despojamiento de la prosa de Endō, Scorsese ha renunciado casi por completo al acompañamiento musical (lo que puede hacer un tanto árida la película para el espectador medio) y elegido un tempo pausado (incluso muy pausado, para los usos frenéticos del seudocine actual), así como un recurso discutible, pero extraordinariamente eficaz, que consiste en contar la historia renunciando a truculencias y efectismos, incluso adoptando una mirada que se finge neutral y que, en algunos momentos (por ejemplo, en la secuencia de la muerte del padre Garupe) puede resultarnos fría o distanciada. No creemos que lo sea en modo alguno; y mucho menos que tal aparente frialdad pueda interpretarse como un distanciamiento respecto al sufrimiento de los mártires: la hermosísima y terrible secuencia en la que se nos muestra la lenta muerte de los cristianos que han sido crucificados a la orilla del mar, para que la marea alta los ahogue lentamente, no deja sombra duda de la postura reverencial del director. Pero, sin duda, aún resulta más admirable el escrupuloso respeto que Scorsese muestra por el argumento y las intenciones de Endō, sin hacer ninguna concesión al espíritu incrédulo de nuestra época. Así, por ejemplo, el padre Rodrigues (magníficamente interpretado por Andrew Garfield, que encarna a la perfección la mezcla de ardor religioso y fragilidad del personaje de Endō) escucha, nítida y resonantemente, la voz de Cristo (no la voz de su conciencia) cuando finalmente decide pisar el fumie que se le ofrece, para salvar la vida de otros cristianos: “Písame… Yo he venido al mundo para que vosotros me piséis, he cargado con la cruz para compartir vuestro dolor”.
Scorsese, en fin, refleja fidelísimamente la intención de Endō en el tramo final de la película, donde la voz narradora (que hasta entonces ha monopolizado el padre Rodrigues) adopta en la novela un tono notarial y algo críptico, para insinuarnos que el protagonista ha seguido evangelizando en secreto a los vigilantes que se encargan de su custodia. Scorsese añade explicitud a lo que Endō apenas insinúa: nos permite ver sin ambages cómo Ferreira hace la vista gorda ante la introducción en el Japón de objetos cuya significación católica pasa inadvertida a las autoridades; nos permite ver sin ambigüedades cómo Rodrigues escucha en confesión a Kichijiro, su delator, y le perdona los pecados; y, en fin, nos brinda un arrebatador plano final que –naturalmente—no desvelaremos, en el que se nos confirma del modo más elocuente que Cristo nunca ha abandonado al protagonista, y que el protagonista no ha cesado de predicar el Evangelio entre las personas que lo han acompañado.
Silencio es la elocuente película de un artista descomunal y un católico que, como Flannery O’Connor, no vacila en adentrarse en territorio enemigo para medirse con los demonios que asaltan a dentelladas la fe. Y, adentrándose en ese territorio, logra remover nuestra fe fofa o mortecina y nos permite escuchar la voz amorosa de Cristo, resonando como un hosanna eterno en nuestro interior, compartiendo nuestro dolor y perdonando a cada instante nuestras flaquezas y desfallecimientos.


Como se puede ver hay opiniones para todos los gustos. Gracias a Dios somos libres y la libertad de pensamiento se palpa en estos escritos.