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miércoles, 22 de diciembre de 2021

EL ULTIMO EMPERADOR AUSTRO-HUNGARO

 

El Emperador Carlos tras el segundo intento de restaurar su trono en Hungría
El Emperador Carlos tras el segundo intento de restaurar su trono en Hungría


Los liberales ingleses, los nacionalistas italianos, los serbios, los prusianos, los bolcheviques rusos y una infinidad de grupos sin conexión aparente compartían la creencia de que el mundo sería un lugar mejor una vez hubiera caído el malvado Imperio austrohúngaro. Pocos repararon en las bondades de un régimen multiétnico, respetuoso con las minorías religiosas a pesar de su catolicismo imperante y garante de la alta cultura europea hasta que fue demasiado tarde.

Stefan Zweig lo definió de forma tan nítida como solía: «La gente vivía bien, la vida era fácil y despreocupada en aquella vieja Viena, y los alemanes del norte miraban con cierto enojo y desdén a sus vecinos del Danubio que, en vez de ser “eficientes” y mantener un riguroso orden, disfrutábamos de la vida, comíamos bien, nos deleitamos con el teatro y las fiestas y, además, hacíamos una música excelente».   Lo que cubrió el vacío a corto plazo de aquel imperio con alma de músico fue el caos y el conflicto en Europa oriental...

Las alimañas cayeron raudas sobre el cadáver del imperio Habsburgo sin tiempo de hacer siquiera una autopsia. En medio de la tragedia quedó Austria, resignada a ser de pronto una provincia más alemana, y sobre todo el último emperador, Carlos I, un hombre que llegó al trono a mediados de la Primera Guerra Mundial y prefirió la paz para el país antes que conservar la corona a costa de sangre en las calles.

Fotografía de Francisco José I
Fotografía de Francisco José I

El 21 de noviembre de 1916 falleció Francisco José I, el gran patriarca de las monarquías europeas, a los 86 años. Su imperio se encontraba inmerso en la Primera Guerra Mundial, cercado por sus enemigos y, ante todo, por su gran aliado. La Alemania de Guillermo II cada vez se molestaba menos en disimular su desconfianza hacia el Ejército austriaco y sus deseos de derrumbar la doble corona austrohúngara. Solo la presencia del imponente Francisco José parecía separar al Imperio Habsburgo de las garras alemanas.

Fallecido dos años antes Francisco Fernando de Austria, un archiduque poco o nada popular, asumió la corona imperial otro de los sobrinos nietos de Francisco José. Carlos de Habsburgo-Lorena y Sajonia, de 29 años, era un hombre alto, atractivo, sensible, disciplinado y, ante todo, radiante de humanidad. El poeta Anatole France, ganador del Nobel, diría de él que fue «el único hombre honesto que surgiría durante todo esta guerra, pero era un santo y nadie lo escuchó».

Carlos de Habsburgo-Lorena no solo era el único líder de los países beligerantes que había recibido una formación militar profesional, sino también el que se mostró más compasivo con sus tropas. En el frente italiano, donde ejerció como comandante de un cuerpo del Ejército Imperial y Real, se mostró en contra de aquellos planes que pudieran costar una cantidad elevada de muertos y se ganó el afecto de sus tropas al visitar posiciones avanzadas en contra de las precauciones del estado mayor. Cuenta el historiador Richard Bassett en el libro «Por Dios y por el káiser» (Desperta Ferro, 2018) que en cierta ocasión un edecán trató de impedirle trasladarse a las trincheras, pues tenía órdenes de no poner en riesgo la vida del heredero. El archiduque se detuvo, sonrió y siguió adelante como si nada: «Sin embargo, creo que deberíamos continuar».

Cuando alcanzó la Corona, Carlos I encaminó sus esfuerzos en lograr recomponer militarmente su imperio y en alcanzar un final a aquella contienda que tantas vidas estaba costando. El hambre campaba por las calles del imperio y el goteo de heridos era insostenible, de Praga a Viena el riesgo de colapso se podía palpar. Ninguno de sus predecesores se había tenido que enfrentar simultaneamente a Inglaterra, Francia y Rusia de la mano de un imperio, el alemán, empeñado en convertir Austria en un satélite.

De ahí que Carlos prescindiera de la pompa que rodeaba a la coronación de todos los Habsburgo y no dudara en viajar al frente italiano a reivindicar la independencia del ejército austrohúngaro respecto al alemán.  El alto mando alemán vió en la actitud del nuevo emperador una amenaza a sus planes. Le pusieran bajo vigilancia y trabajaron en menoscabar su autoridad en todos los frentes. El bando Aliado tampoco se mostró entusiasmado ante la llegada de un nuevo monarca: uno de los objetivos de la guerra, según su propaganda, era acabar con la «prisión de nacionalidades» que era supuestamente el Imperio austrohúngaro. Esa era una prioridad que no iba a cambiar estuviera un Emperador u otro a su cabeza de Viena.

Optimista por naturaleza, Carlos no desistió a pesar de todo en sus intentos de alcanzar, con permiso de los alemanes, un acuerdo de paz por vía de Francia, tan agotada como Austria. No obstante, el entendimiento fue imposible debido al compromiso francés con Italia, que se rompía los cuernos en ese momento con los austriacos en los Alpes, y al hecho de que distintos actores del conflicto habían entrado en una fase radical de victoria o muerte. ( no lo nombra pero fue George Clemenceau el que se nego a pactar un final de la guerra con Carlos I )

Alemania, camino de una dictadura militar, inició en enero de 1917 una guerra submarina a gran escala contra barcos de todas las nacionalidades que, como advirtió Carlos, habría de causar más pronto que tarde la entrada de EE.UU. en la contienda.

Carlos y su esposa Zita.
Carlos y su esposa Zita.

Nadie en Berlín hizo caso a las protestas de Carlos, ni siquiera cuando este se opuso por completo a que se enviara al líder bolchevique Vladimir Ylich Lenin desde Suiza a Rusia para agitar los ánimos revolucionarios. El monarca Habsburgo no era partidario de abrir una puerta tan peligrosa para todas la realeza. Y tampoco lo era de usar armas químicas, como lo hicieron la mayoría de ejércitos en esta guerra, lo cual resultó indiferente al alto mando alemán al autorizar que también los austriacos la emplearan. Cada semana que fue avanzado la contienda resultó más evidente que los Habsburgo no entraban en los planes de futuro alemanes.

El plan O alemán preveía la ocupación militar de Bohemia, y luego del resto de Austria, en caso de que Carlos sacara a su país de la guerra. Una vez acabada la guerra contra Inglaterra y Francia, la anexión austriaca también era ineludible.

En este sentido, fueron los propios alemanes quienes impidieron al Imperio austrohúngaro derrotar definitivamente a Italia, aunque estuvo en su mano, pues en el fondo necesitaban que parte de las tropas Habsburgo siguieran ocupadas y sin capacidad de defenderse de su pérfido aliado.   

El último Emperador Habsburgo estuvo, asimismo, demasiado ocupado por problemas locales, tales como el hambre, las revueltas sociales y los estallidos de nacionalistas eslavos, cabreados con los planes germanos y entusiasmados con el «sagrado» derecho a la autodeterminación que defendía el presidente estadounidense Wilson, como para poder defenderse de las intromisiones alemanas.

La postrera publicación de los detalles de las negociaciones entre Francia y los Habsburgo, que habían ofrecido más de lo debido a cambio de la paz, colocaron a Carlos I en una posición muy comprometida con los alemanes. En una reunión de urgencia con el káiser, el último emperador Habsburgo se vio obligado en el último año de la guerra a aceptar que su imperio quedara tras el conflicto rebajado a un estatus como el de Baviera dentro del Imperio alemán, esto es, un territorio subordinado a la gran potencia germánica.

Carlos nunca estuvo dispuesto a cumplir con esta demanda, pero ya para esas fechas sabía que la victoria de su bando era imposible y más valía mantenerle otro rato la sonrisa al káiser que oponerse a sus designios.

En el otoño de 1918, con el imperio en avanzado proceso de descomposición interna, se produjo la extraña imagen de ver aún en el frente italiano a un ejército luchando por un país que ya no existía. Con Austria levantada, Hungría invocando a sus tropas, Chequia reconocida como una nación independiente y otros eslavos camino de la libertad, el imperio Habsburgo finalizó su andadura milenaria.

Un oficial de caballería de aquel imperio extinto, el pintor Kokoschka, recordó al mundo las pocas razones que había para celebrar la caída del gigante:

El Archiduque Otto de Habsburgo
El Archiduque Otto de Habsburgo

«El imperio de los Habsburgo, gobernado por el viejo emperador según el espíritu ilustrado de José II, no era un Estado ideal. Sin embargo, antes de la Primera Guerra Mundial, los juicios sumarios, la caza de brujas, la tortura, las ejecuciones públicas, las sentencias de muerte secretas, los campos de concentración, las deportaciones y las confiscaciones eran desconocidas allí; también lo eran el trabajo esclavo -Austria no tenía colonias- y el trabajo infantil. El antisemitismo era un delito punible».

El Emperador Carlos tuvo en su mano la posibilidad de, al menos, poner a buen recaudo la autoridad de su dinastía en Viena. Prefirió la paz. El Monarca hizo oídos sordos al ofrecimiento de un ejército de 80.000 soldados de ocupar la capital en cumplimiento de los compromisos irrompibles del Ejército Imperial y Real con los Habsburgo.

En respuesta de quienes le pedían que diera un golpe sobre la mesa, Carlos publicó el 11 de noviembre de 1918 el punto final a su dinastía en la declaración:

«No he dudado en restaurar la vida constitucional y he abierto a los pueblos el camino de su desarrollo como Estados independientes. Tan lleno como siempre por una firme devoción por todos mis pueblos, no deseo oponerme con mi propia persona al libre gobierno. Admito por adelantado las decisiones que pueda tomar la Austria alemana sobre su futura conformación. Renuncio a toda participación en asuntos de Estado [...] la felicidad de mis pueblos ha sido desde el principio el objeto de mis ardientes deseos. Solo una paz interior puede curar las heridas de esta guerra». 

El gobierno suizo acogió en el exilio al Emperador con la condición de que se abstuviese de cualquier actividad que pudiese comprometer al país. No cumplió exactamente con esta condición, pues hasta en dos ocasiones trató de volver al trono en Hungría, donde le quedaba una amplia masa de partidarios. Falleció en 1922 en la isla de Madeira. Su hijo Otto mantuvo viva la llama de los valores Habsburgo y mostró su desprecio por el movimiento nazi, antitésis de lo que había representado su monarquía. Otto solía presumir de que, aunque austriaco de nacimiento, a Hitler no se le había permitido entrar en el Ejército Imperial y Real. Los bávaros habían sido menos exigentes…

Hitler, por su parte, siempre consideró a este imperio que defendía a los judíos y la diversidad nacional en su territorio como un estorbo para sus planes nacionalistas. En 1938, el III Reich engulló como un provincia más a Austria y acusó a los Habsburgo de haber hundido en la decadencia a este pueblo. Se le suelen atribuir al dictador unas infames palabras, en realidad pronunciadas por el político británico Anthony Eden, descalificando con simpleza todos los siglos de historia y glorias imperiales: «¿Qué es Austria? Cinco Habsburgo y cien judíos».

Carlos I fue beatificado en Roma el 3 de octubre de 2004, por el Papa Juan Pablo II, como reconocimiento a su devoción y a sus tentativas para promover la paz.


Publicado en ABC por Cesar Cervera el 24/9/2020

jueves, 3 de enero de 2019

1914: DE LA PAZ A LA GUERRA  por 
Margaret MacMillan (1943).

Un denso trabajo de como se fue preparando el estallido de la Primera Guerra, analizando cada uno de los hechos diplomáticos de los años anteriores. En ningún momento se describe la guerra, el libro termina con la posición de los ejércitos para la primera batalla.
A pesar de lo árido del tema y lo voluminoso del libro, se hace interesante.
En la intoduccion se dice: "La guerra no es un accidente: es un resultado. Nunca se mira demasiado atrás para indagar sus causas." ( Elizabeth Bowen ).
Destacar:
-La tragedia de Europa y el mundo, vista desde hoy, estuvo en que ninguno de los actores clave de 1914 fue un líder con la suficiente grandeza e imaginación, ni con el suficiente coraje, como para oponerse a las presiones que empujaban hacia la guerra.
-Esta vez el imperio austrohúngaro sí declaró la guerra a Serbia, respaldado por Alemania; Rusia decidió apoyar a Serbia y entró en guerra con el imperio austrohúngaro y Alemania; Alemania atacó a Francia, aliada de Rusia; y Gran Bretaña intervino en defensa de sus aliados.
-Francisco Fernando, el archiduque austriaco asesinado en Sarajevo, se había opuesto durante mucho tiempo a quienes querían resolver los problemas del imperio austrohúngaro mediante la guerra. Con su muerte desaparecía, irónicamente, el único hombre que hubiera podido evitar que su país le declarase la guerra a Serbia.
-algunos países, y sus líderes, fueron más culpables que otros. La insensata determinación del imperio austrohúngaro de destruir Serbia en 1914, la decisión de Alemania de apoyarla incondicionalmente, la impaciencia de Rusia por movilizarse, cargan en mi opinión con la mayor responsabilidad en el estallido de la guerra. Ni Francia ni Gran Bretaña deseaban la guerra, aunque para detenerla tal vez podrían haber hecho más.
-Los gobiernos habían descubierto que tenían que proveer a sus poblaciones de algo más que de seguridad básica. Esto tuvo que ver en parte con la esperanza de evitar conflictos sociales, pero también con el hecho de que una población activa más saludable e instruida era mejor para la economía y para el ejército. Otto von Bismarck, el gran canciller de Alemania, fue el primero en promover el moderno estado del bienestar, con cosas tales como el seguro por desempleo y las pensiones de vejez en la década de 1880, y su ejemplo fue seguido en toda Europa.
-¿Qué hubiera pasado con Rusia de no haber sobrevenido la Gran Guerra? ¿O si hubiera logrado de algún modo permanecer al margen? ¿Habría habido una revolución en 1917? Sin la guerra y el colapso del viejo régimen, ¿habrían sido capaces los bolcheviques, aquella facción revolucionaria, de hacerse con el poder e implantar sus políticas rígidas y doctrinarias? Nunca lo sabremos.
-En enero de 1901 murió la reina Victoria, acaso otra señal de que el viejo orden llegaba a su fin.
-Bismarck, unificó los estados alemanes para conformar la nueva Alemania en 1870....A Guillermo II, quien se convirtió en káiser en 1888, le incomodaba el dominio de Bismarck y, en 1890, lo destituyó, con lo cual la política exterior de Alemania fue a caer en unas manos mucho menos expertas.
-En teoría, según la constitución, Alemania era una federación compuesta por dieciocho estados diferentes. Tenía un parlamento federal, el Reichstag, elegido mediante sufragio universal masculino, con la responsabilidad de aprobar presupuestos federales. Disponía además de un consejo federal, el Bundesrat, compuesto por representantes de los estados, con el derecho de supervisar aspectos cruciales de la política exterior y del ejército y la armada. Pero una cosa era la teoría y otra la práctica.
-La confrontación final se produjo en marzo de 1890, cuando el káiser criticó a Bismarck por no mantenerlo debidamente informado ni de los asuntos exteriores ni de los nacionales, y dejó claro quién tenía la última palabra en Alemania. Bismarck dimitió y se mudó de Berlín a su propiedad campestre, donde vivió en un rencoroso retiro hasta su muerte
-En 1870, el emperador Napoleón III había conducido a Francia a una devastadora derrota en Sedán a manos de Prusia y sus estados aliados alemanes, y, como recordaban con amargura los franceses, nadie había acudido en su ayuda; otro punto en contra de Gran Bretaña........Bismarck le había impuesto una paz onerosa: Francia tenía que aceptar la ocupación en tanto abonaba una enorme indemnización (según se ha dicho, mayor de la que Alemania finalmente le abonó a Francia tras la Gran Guerra), además de perder las provincias de Alsacia y Lorena en su frontera este. Y para rematar la humillación, el rey prusiano fue coronado emperador de los alemanes en el salón de los espejos de Luis XIV en Versalles..........Los libros de texto franceses enseñaban a sus estudiantes que el tratado de Fráncfort, que puso fin a la guerra franco-prusiana, fue ?una tregua, no la paz, razón por la cual desde 1871 toda Europa vive permanentemente bajo las armas?
-El presidente de Francia en el momento en que estalló la Gran Guerra, Raymond Poincaré, procedente de la zona de Lorena que se mantuvo en el país, dijo: ?Francia desea sinceramente la paz y nunca hará nada para alterarla. Para mantenerla hará siempre todo lo que sea compatible con su dignidad. Pero la paz no nos condena al olvido ni a la deslealtad?........La tercera república, nacida de la derrota y la guerra civil, añadió más divisiones. El nuevo gobierno provisional no solo tuvo que hacer la paz con una Alemania triunfante, sino también vérselas con la comuna de París, que había asumido el poder en nombre de la revolución......Al cabo, el gobierno empleó las armas contra los comuneros, lo que dejó una cicatriz indeleble en la tercera república. Después de una semana de furibundos combates, las barricadas fueron desmanteladas, la comuna disuelta y los últimos rebeldes ejecutados en el cementerio del Père-Lachaise.....En realidad, hubo momentos en que hasta los políticos de la república parecían no creer en ella -entre 1871 y 1914, Francia tuvo cincuenta gobiernos distintos-, pues se dedicaban en su mayoría a disputarse los cargos, y con frecuencia solo parecían estar interesados en lo que podían extraerle a lo que el pueblo denominó ?la meretriz? o la república de los amiguetes.............En 1891-1892 quebró la compañía del canal de Panamá, arrastrando consigo millones de francos y la reputación de los eminentes Lesseps y Gustave Eiffel, constructor de la famosa torre, así como de decenas de diputados, senadores y ministros..El escándalo más perjudicial de todos los de la tercera república fue el caso Dreyfus.
-El 22 de enero de 1905, una enorme procesión de obreros con sus familias, vestidos con sus mejores ropas y entonando himnos, se abrió paso hacia el palacio de Invierno para pedirle al zar profundas reformas políticas y económicas. Muchos consideraban aún al zar ?su padrecito?, y creían que bastaba con que él supiera qué iba mal para que hiciese cambios. Las autoridades, ya nerviosas para entonces, llamaron al ejército, que los reprimió brutalmente, disparando a quemarropa contra la multitud. Al final de la jornada, había varios centenares de muertos y heridos. El Domingo Sangriento ayudó a desatar lo que se convirtió en el ensayo final de la revolución de 1917
-En 1895, el gobierno austriaco se derrumbó, porque los germanoparlantes se opusieron a admitir en paralelo clases de esloveno en la enseñanza secundaria. Dos años más tarde, el conflicto entre checos y alemanes por el empleo del idioma checo en asuntos de gobierno en Bohemia y Moravia condujo a la violencia callejera y a la caída de otro primer ministro. Y en 1904 se suscitaron violentas manifestaciones de alemanes contra el establecimiento en Innsbruck de una facultad de derecho italiana.
-Poincaré, ya fuese porque así lo creía de verdad, o porque fuese víctima de una ilusión, les aseguró a los rusos que Gran Bretaña le había prometido verbalmente enviar una fuerza expedicionaria en apoyo de Francia si esta era atacada por Alemania.
-En mayo de 1913, en el breve interludio entre las dos primeras guerras balcánicas, los primos Jorge V de Inglaterra, Nicolás II de Rusia y Guillermo II de Alemania se reunieron en Berlín para la boda de la única hija del káiser con el duque de Brunswick.
-Raymond Poincaré, el prominente político conservador que se convirtió en primer ministro en enero de 1912, tras la caída de Caillaux por la segunda crisis marroquí. A comienzos de 1913, Poincaré fue elegido presidente, cargo que mantendría hasta 1920. Tal vez por ser de Lorena, en manos de Alemania desde 1871, Poincaré era un ferviente nacionalista francés, decidido a reparar las divisiones que padecía la sociedad francesa y a devolver Francia a su legítimo lugar en el mundo......El feroz radical Georges Clemenceau, que no lo soportaba, se refirió a él como una bestezuela inquieta, seca, desagradable y nada valiente?. Este comentario, como muchos otros de Clemenceau, resultaba injusto. Tanto en su política anterior a 1914 como en los oscuros días de la Gran Guerra, Poincaré demostró coraje y fortaleza...En su diario privado escribió: ?Alemania se cree cada vez más que está predestinada a dominar el mundo, que la supuesta superioridad de la raza germana, el siempre creciente número de habitantes del Reich y la continua presión de las necesidades económicas le confieren derechos excepcionales con respecto a las demás naciones.
-El monarca que presidía esta Gran Bretaña súbitamente turbulenta era Jorge V, que había sucedido a Eduardo VII en 1910......Mientras la lucha entre los obreros británicos y sus patrones continuaba, un nuevo conflicto había estallado entre las mujeres de todas las clases y tendencias políticas que demandaban el derecho a votar y quienes se oponían a ello, entre los que se encontraba el propio Asquith.....Lo más peligroso de todo para Gran Bretaña en aquellos años fue la cuestión irlandesa. Las demandas de un autogobierno para Irlanda habían ido ganando fuerza, sobre todo en el sur católico.
-Francisco Fernando, el heredero al trono de Austria, fue asesinado en Sarajevo el 28 de junio......En las cinco semanas siguientes, Europa pasó de la paz a una guerra a gran escala, que implicó a todas las grandes potencias excepto, al principio, Italia y el imperio otomano.
-¿Estaba Francia realmente decidida a vengarse de Alemania? Hasta los nacionalistas como Poincaré se habían resignado a la pérdida de Alsacia y Lorena........¿Cuánta responsabilidad tuvo Rusia por alentar el nacionalismo serbio.
-Jaurés, el gran líder socialista, cuya comprensión de los asuntos exteriores era profunda, dijo en el parlamento francés el 7 de julio, mientras se discutía el viaje de Poincaré y Viviani a San Peters-burgo: ?Nos parece inadmisible [...] que Francia se vea involucrada en descabelladas aventuras balcánicas a causa de unos tratados de los cuales ella no conoce ni el texto, ni el sentido, ni los límites, ni las consecuencias?.
-Fue una desgracia para Rusia, y para el mundo, que sus dirigentes no estuviesen a la altura de las circunstancias en un momento en que se avecinaba una tormenta internacional de grandes dimensiones. Tanto Sazónov como el zar deseaban la paz, pero ambos eran débiles y fácilmente influenciables; ambos tenían además un fuerte sentido del honor y de la dignidad de Rusia, y recordaban con rencor cómo esta se había visto obligada a echarse atrás en las anteriores crisis en los Balcanes.
-Las conversaciones entre Rusia y el imperio austrohúngaro comenzaron puntualmente el 27 de julio, solo para verse interrumpidas al día siguiente, cuando el imperio austrohúngaro, presionado por Alemania para que actuara con rapidez, le declaró la guerra a Serbia.......En la noche del 28 de julio, los cañones austriacos de la ribera norte del Sava disparaban contra Belgrado
-Poincaré escribiría luego en su diario: Es cien veces mejor que no hayamos tenido que declarar la guerra nosotros, así fuera por las repetidas violaciones de nuestra frontera. Era imperativo que Alemania, la plena responsable de la agresión............Ese mismo día, el gobierno británico envió un ultimátum a Alemania a los efectos de que esta garantizara que respetaría la neutralidad de Bélgica. El plazo de respuesta expiraría a las once de esa noche, hora de Gran Bretaña
-En 1917, Estados Unidos, enfurecido por los ataques de los submarinos alemanes contra sus transportes, así como por la noticia, que los británicos comunicaron amablemente a Washington, de que Alemania intentaba convencer a México y Japón de que atacasen a Estados Unidos, entró en la guerra en el bando de los aliados.
-En febrero de 1917, el régimen zarista se derrumbó al fin, y el débil gobierno provisional que lo sucedió fue a su vez derrocado, diez meses después, por un nuevo tipo de fuerza revolucionaria, la de los bolcheviques de Vladímir Lenin
Lenin firmó la paz con las potencias centrales a comienzos de 1918, cediéndoles unas inmensas franjas de territorio ruso en el oeste.
-polacos se unieron a los que se habían liberado súbitamente de Rusia y Alemania para crear, por primera vez en más de un siglo, un estado polaco......Los checos y eslovacos se unificaron en un inestable matrimonio para formar Checoslovaquia;.......los sudeslavos de Croacia, Eslovenia y Bosnia se unieron con Serbia para formar un nuevo estado que sería llamado Yugoslavia.......Hungría, muy reducida por la pérdida de Croacia y por los acuerdos de paz tras la guerra, se convirtió en un estado independiente........lo que quedó de los territorios de los Habsburgo pasó a integrar el pequeño estado de Austria.........El imperio otomano se derrumbó también; los aliados victoriosos lo despojaron de sus territorios árabes y de casi todo lo que le quedaba en Europa, dejándole tan solo el centro de Turquía. El último de los sultanes otomanos pasó discretamente al exilio en 1922, y un nuevo gobernante seglar, Kemal Ataturk, se dedicó a crear el moderno estado de Turquía.
-El emperador, Francisco José, murió en 1916, legando su tambaleante trono a su joven e inexperto sobrino nieto Carlos, que solo conservó el poder hasta 1918.........Nicolás abdicó al año siguiente. Él, Alejandra y sus hijos fueron asesinados en Ekaterimburgo por los bolcheviques en la primavera de 1918........Poincaré continuó en su cargo durante toda la guerra y llegó a presidir la victoria de Francia y la recuperación de Alsacia y Lorena.
-Cuando la derrota de Alemania se hizo evidente en el otoño de 1918, los militares planearon que su káiser muriera heroicamente en una última carga en el campo de batalla. Guillermo no quiso saber nada de esto y siguió esperando, en vano, poder conservar su trono. Ante el deterioro de la situación en Alemania, lo convencieron finalmente el 9 de noviembre de que se fuera a Holanda en un tren especial, y ese mismo día Alemania se convirtió en una república.
-Si quisiéramos señalar culpas desde nuestra perspectiva del siglo xxi, podríamos acusar de dos cosas a quienes llevaron a Europa a la guerra. Primero, de falta de imaginación para ver cuán destructivo sería un conflicto semejante; y segundo, de falta de valor para enfrentarse a quienes decían que no quedaba otra opción que ir a la guerra.


Edición original en inglés: The War that Ended Peace. How Europe Abandoned Peace for the First World War Profile, 2013
© Turner Publicaciones S.L., 2013 Traducción del inglés: © José Adrián Vitier,











Winston S. Churchill, en su obra "Grandes Contemporáneos" tiene una capitulo dedicado al insigne Kaiser Guillermo II. Empieza diciendo que no deberíamos juzgar al kaiser a la ligera. "¿Que habría hecho yo en su caso?" Imaginaos que habéis sido educados desde la niñez en la creencia de que estabais señalados por el dedo de Dios...... . Pero también habia socialistas; mala gente, patanes desafectos, a los que les daba un bledo la grandeza de Alemania. ¿Estás, entonces, lector, completamente seguro en lo mas intimo de tu corazón que si estuvieses sometido a esas presiones y alimentado con esas regias gelatinas habrias permanecido siendo un manso y amoroso estadista conservador?........Avanza Churchill en sus indagaciones y se pregunta ¿Fue debido a culpa o a incapacidad?...... Todo termina con un comentario de las propias Memorias del Kaiser....
Muy interesante