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miércoles, 14 de octubre de 2015

La pelicula FRANCISCO, EL PADRE JORGE

Está dirigida por Beda Docampo Feijóo (Amores locos; Quiéreme) y protagonizada por Darío Grandinetti (Relatos Salvajes) en el papel de Francisco; y Silvia Abascal (Piratas; La Herencia Valdemar) como la joven periodista.

SINOPSIS
Una joven periodista española investiga el duro y emocionante viaje del jesuita Jorge Mario Bergoglio, tras conocerlo en el cónclave de 2005. 

A través de los ojos de la periodista nos acercamos más al trabajo y a la labor humanitaria que hace el padre Jorge: su lucha en contra de la prostitución, la dictadura, el trabajo esclavo, la droga y otras muchas actividades que le hacen ser un día de primavera el Papa Francisco. 

Como película , desde el punto de vista cinematográfico, no aporta nada; pero argumentalmente es muy interesantes, para los que nos interesa el tema, pues relata la vida de Jorge Berglorio como Obispo en Argentina.


martes, 31 de marzo de 2015

lunes, 16 de febrero de 2015


Homilía del Papa Francisco en la Misa  del 15 de Febrero en presencia de todos los Cardenales

«Señor, si quieres, puedes limpiarme…» Jesús, sintiendo lástima; extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio» (cf. Mc 1,40-41). La compasión de Jesús. Ese padecer con que lo acercaba a cada persona que sufre. Jesús, se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente… simplemente, porque Él sabe y quiere padecer con, porque tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión.
«No podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado» (Mc 1, 45). Esto significa que, además de curar al leproso, Jesús ha tomado sobre sí la marginación que la ley de Moisés imponía (cf. Lv 13,1-2. 45-46). Jesús no tiene miedo del riesgo que supone asumir el sufrimiento de otro, pero paga el precio con todas las consecuencias (cf. Is 53,4).
La compasión lleva a Jesús a actuar concretamente: a reintegrar al marginado. Éstos son los tres conceptos claves que la Iglesia nos propone hoy en la liturgia de la palabra: la compasión de Jesús ante la marginación y su voluntad de integración.
Marginación: Moisés, tratando jurídicamente la cuestión de los leprosos, pide que sean alejados y marginados por la comunidad, mientras dure su mal, y los declara: «Impuros» (cf. Lv 13,1-2. 45.46).
Imaginen cuánto sufrimiento y cuánta vergüenza debía sentir un leproso: físicamente, socialmente, psicológicamente y espiritualmente. No es sólo víctima de una enfermedad, sino que también se siente culpable, castigado por sus pecados. Es un muerto viviente, como «si su padre le hubiera escupido en la cara» (Nm 12,14).
Además, el leproso infunde miedo, desprecio, disgusto y por esto viene abandonado por los propios familiares, evitado por las otras personas, marginado por la sociedad, es más, la misma sociedad lo expulsa y lo fuerza a vivir en lugares alejados de los sanos, lo excluye. Y esto hasta el punto de que si un individuo sano se hubiese acercado a un leproso, habría sido severamente castigado y, muchas veces, tratado, a su vez, como un leproso.
La finalidad de esa norma de comportamiento era la de salvar a los sanos, proteger a los justos y, para salvaguardarlos de todo riesgo, marginar el peligro, tratando sin piedad al contagiado. De aquí, que el Sumo Sacerdote Caifás exclamase: «Conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera» (Jn 11,50).
Integración: Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios. Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a plenitud (cf. Mt 5, 17), declarando, por ejemplo, la ineficacia contraproducente de la ley del talión; declarando que Dios no se complace en la observancia del Sábado que desprecia al hombre y lo condena; o cuando ante la mujer pecadora, no la condena, sino que la salva de la intransigencia de aquellos que estaban ya preparados para lapidarla sin piedad, pretendiendo aplicar la Ley de Moisés.
Jesús revoluciona también las conciencias en el Discurso de la montaña (cf. Mt 5) abriendo nuevos horizontes para la humanidad y revelando plenamente la lógica de Dios. La lógica del amor que no se basa en el miedo sino en la libertad, en la caridad, en el sano celo y en el deseo salvífico de Dios, Nuestro Salvador, «que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tm 2,4). «Misericordia quiero y no sacrifico» (Mt 12,7; Os 6,6).
Jesús, nuevo Moisés, ha querido curar al leproso, ha querido tocar, ha querido reintegrar en la comunidad, sin autolimitarse por los prejuicios; sin adecuarse a la mentalidad dominante de la gente; sin preocuparse para nada del contagio. Jesús responde a la súplica del leproso sin dilación y sin los consabidos aplazamientos para estudiar la situación y todas sus eventuales consecuencias. Para Jesús lo que cuenta, sobre todo, es alcanzar y salvar a los lejanos, curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y eso escandaliza a algunos.
Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento (cf. Jn 10).
Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. Hoy también nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio.
Estas dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: marginar y reintegrar. San Pablo, dando cumplimiento al mandamiento del Señor de llevar el anuncio del Evangelio hasta los extremos confines de la tierra (cf. Mt 28,19), escandalizó y encontró una fuerte resistencia y una gran hostilidad sobre todo de parte de aquellos que exigían una incondicional observancia de la Ley mosaica, incluso a los paganos convertidos. También san Pedro fue duramente criticado por la comunidad cuando entró en la casa de Cornelio, el centurión pagano (cf. Hch 10).
El camino de la Iglesia, desde el concilio de Jerusalén en adelante, es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. Esto no quiere decir menospreciar los peligros o hacer entrar los lobos en el rebaño, sino acoger al hijo pródigo arrepentido; sanar con determinación y valor las heridas del pecado; actuar decididamente y no quedarse mirando de forma pasiva el sufrimiento del mundo.
El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero; el camino de la Iglesia es precisamente el de salir del propio recinto para ir a buscar a los lejanos en las “periferias” de la existencia; es el de adoptar integralmente la lógica de Dios; el de seguir al Maestro que dice: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan» (Lc 5,31-32).
Curando al leproso, Jesús no hace ningún daño al que está sano, es más, lo libra del miedo; no lo expone a un peligro sino que le da un hermano; no desprecia la Ley sino que valora al hombre, para el cual Dios ha inspirado la Ley. En efecto, Jesús libra a los sanos de la tentación del «hermano mayor» (cf. Lc 15,11-32) y del peso de la envidia y de la murmuración de los trabajadores que han soportado el peso de la jornada y el calor (cf. Mt 20,1-16).
En consecuencia: la caridad no puede ser neutra, indiferente, tibia o imparcial. La caridad contagia, apasiona, arriesga y compromete. Porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita (cf. 1Cor 13). La caridad es creativa en la búsqueda del lenguaje adecuado para comunicar con aquellos que son considerados incurables y, por lo tanto, intocables.
El contacto es el auténtico lenguaje que transmite, fue el lenguaje afectivo, el que proporcionó la curación al leproso. ¡Cuántas curaciones podemos realizar y transmitir aprendiendo este lenguaje! Era un leproso y se hay convertido en mensajero del amor de Dios. Dice el Evangelio: «Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho» (Mc 1,45).
Queridos nuevos Cardenales, ésta es la lógica de Jesús, éste es el camino de la Iglesia: no sólo acoger y integrar, con valor evangélico, aquellos que llaman a la puerta, sino ir a buscar, sin prejuicios y sin miedos, a los lejanos, manifestándoles gratuitamente aquello que también nosotros hemos recibido gratuitamente. «Quien dice que permanece en Él debe caminar como Él caminó» (1Jn 2,6). ¡La disponibilidad total para servir a los demás es nuestro signo distintivo, es nuestro único título de honor!
En esta Eucaristía que nos reúne entorno al altar, invocamos la intercesión de María, Madre de la Iglesia, que sufrió en primera persona la marginación causada por las calumnias (cf. Jn 8,41) y el exilio (cf. Mt 2,13-23), para que nos conceda el ser siervos fieles de Dios.
Ella, que es la Madre, nos enseñe a no tener miedo de acoger con ternura a los marginados; a no tener miedo de la ternura y de la compasión; nos revista de paciencia para acompañarlos en su camino, sin buscar los resultados del éxito mundano; nos muestre a Jesús y nos haga caminar como Él.
Queridos hermanos, mirando a Jesús y a nuestra Madre María, los exhorto a servir a la Iglesia, en modo tal que los cristianos – edificados por nuestro testimonio – no tengan la tentación de estar con Jesús sin querer estar con los marginados, aislándose en una casta que nada tiene de auténticamente eclesial.
Los invito a servir a Jesús crucificado en toda persona marginada, por el motivo que sea; a ver al Señor en cada persona excluida que tiene hambre, que tiene sed, que está desnuda; al Señor que está presente también en aquellos que han perdido la fe, o que, alejados, no viven la propia fe; al Señor que está en la cárcel, que está enfermo, que no tiene trabajo, que es perseguido; al Señor que está en el leproso – de cuerpo o de alma -, que está discriminado. No descubrimos al Señor, si no acogemos auténticamente al marginado.
Recordemos siempre la imagen de san Francisco que no ha tenido miedo de abrazar al leproso y de acoger aquellos que sufren cualquier tipo de marginación. En realidad, sobre el evangelio de los marginados, se descubre y se revela nuestra credibilidad.


jueves, 15 de enero de 2015




NO SOY 

CHARLIE  HEBDO


El islam tiene una dilatada tradición de iconoclasia, doctrina que prohíbe toda representación y culto de imágenes de la divinidad y del profeta Mahoma por considerarlo blasfemo.
En Occidente la ley penal solo admite la difamación de personas y no a ideas o religiones. 
Un viejo caballo de batalla contra Occidente -en particular en el seno de organizaciones como la ONU- gira en torno a la exigencia de los países musulmanes de imponer una legislación universal contra la burla o crítica de las religiones. 
Junto a la iconoclasia, el islam desconoce también el concepto de tolerancia.


El Papa Francisco, en el avión que le conducía a Ski Lanka, dijo que tanto la libertad de expresión como la libertad religiosa "son derechos humanos fundamentales" y precisó: "Tenemos la obligación de hablar abiertamente, de tener esta libertad, pero sin ofender".Destacó que "cada uno tiene el derecho de practicar su religión, pero sin ofender" y consideró una "aberración" matar en nombre de Dios. "No se puede ofender, o hacer la guerra, o asesinar en nombre de la propia religión o en nombre de Dios". En el pasado hubo guerras en las que la religión cristiana desempeñó un papel determinante. "También nosotros hemos sido pecadores, pero no se puede asesinar en nombre de Dios"."Creo que los dos son derechos humanos fundamentales, tanto la libertad religiosa, como la libertad de expresión". 
Un periodista francés le planteó la cuestión: "vamos a hablar sobre París, hablemos claro".
Bergoglio dijo: "Tenemos la obligación de hablar abiertamente, de tener esta libertad, pero sin ofender". "Es verdad que no se puede reaccionar violentamente, pero si mi ayudante, gran amigo, dice una mala palabra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo. ¡Es normal!", aseguró."No se pude provocar - añadió - no se puede insultar la fe de los demás. No puede burlarse de la fe. No se puede", reiteró el papa. El pontífice aclaró que "es una obligación decir lo que se piensa para ayudar al bien común". "Si un senador o un político no dice lo que piensa, no colabora con el bien común".


La prensa francesa se ha escandalizado del articulo de opinión del Financial Time firmado por Tony Barber. La traducción es:
“Francia es el país de Voltaire pero muy a menudo la irresponsabilidad editorial ha prevalecido en “Charlie Hebdo”. No se trata, para la mayoría del mundo, de excusar a los asesinos, que deben ser detenidos y condenados, ni de sugerir que la libertad de expresión no deba ser aplicada a las representaciones satíricas de la religión. Pero solamente decir que el buen sentido común seria conveniente en publicaciones como “Charlie Hebdo”, o el periódico danes “Jyllands-Posten”, que pretenden obtener una victoria para la libertad provocando a los musulmanes, cuando en realidad son solamente estúpidos”.
¿Que dijo Voltarie a propósito de este tema?, ni más ni menos que : "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo" 


El líder de la milicia Chií libanesa Hezbolá que esta incluida en las listas de grupos terroristas de la Unión Europea, Hasan Nasralá, ha dicho que los "yihadistas takfiris" -radicales Suníes- son más ofensivos hacia Mahoma que las caricaturas. "El comportamiento de los grupos takfiris que reclaman ser seguidores del islam ha distorsionado el islam, el Corán y la comunidad musulmana más que los enemigos del islam, aquellos que insultaron al profeta en películas, o dibujaron caricaturas de él". Aquí subyace la problemática interna entre Chiíes y Suníes.


El Papa Francisco hizo alusión a la intervención de Benedicto XVI en 2006 en la Universidad de Ratisbona (Alemania) que provocó la cólera de los mahometanos fanáticos y la censura alevosa y cobarde de la mayoría de mandatarios y medios de comunicación occidentales. Dijo que condenaba las formas de fe patológica que tratan de imponerse con la violencia, condenaba también el laicismo, esa expresión demente de la razón que pretende confinar la fe en lo subjetivo, convirtiendo el ámbito público en un zoco donde la fe puede ser ultrajada y escarnecida hasta el paroxismo, como expresión de la sacrosanta libertad de expresión.


La desvergüenza de los lideres del mundo es infinita al rasgarse las vestiduras por el asesinato de cuatro periodistas de Charli Hebdo y no dicen o hacen nada por las masacres y persecuciones que miles de cristianos padecen hoy de manos de los islamistas.


Vuelvo a reiterar y grito "CREO EN LA LIBERTAD , PERO NO SOY CHARLIE HEBDO"



¿Es que hay alguien , en su sano juicio,  que le parecen estupendas estas portadas? Si se analiza detenidamente las palabras del Papa Francisco tienen toda la razón.


El portavoz de Associated Press, a recordado cual es su parecer : " Nosotros no publicamos imagenes deliberadamente provocadoras, es nuestra política desde hace años " "Después de maduras reflexiones, la dirección del New York Times ha decidido que una descripción de las caricaturas dan suficiente elementos para que el lector pueda comprender la situación".

Menos mal que en Estados Unidos tienen mas claro el concepto de Libertad



miércoles, 31 de julio de 2013

 JMJ 2013

Las Jornadas Mundiales de la Juventud de 2013 se celebraron en Rio de Janeiro. En ellas hay que destacar una serie de comentarios hechos por el Papa Francisco, tales como:
- "Que feo es un obispo triste". De ahí podemos deducir la obligación de estar alegres de los cristianos
- "Si una persona es homosexual y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?". Hay que interpretarlo en su justa medida no generalizar de forma rápida y llevar al Papa al día del orgullo gay. Ver la doctrina de la Iglesia en el articulo 2358 del Catecismo.
- "Pero la Cruz nos invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto, y a salir de nosotros mismos para ir a su encuentro y tenderles la mano. Muchos rostros han acompañado a Jesús en su camino al Calvario: Pilato, el Cireneo, María, las mujeres… También nosotros podemos ser para los demás como Pilato, que no tiene la valentía de ir contracorriente para salvar la vida de Jesús y se lava las manos. Queridos amigos, la Cruz de Cristo nos enseña a ser como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura. Y tú, ¿como quién eres? ¿Como Pilato,como el Cireneo, como María?" esto dijo al final de su discurso en el Via Crucis de Copacabana, casi nada.