Mostrando entradas con la etiqueta Gibraltar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gibraltar. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de marzo de 2022

EL ITALIANO de Arturo Pérez Reverte


 Arturo Perez Reverte escribe un libro histórico-novelado sobre un tema bastante desconocido. La actuación de la Marina Real Italiana a través de buzos y la acción saboteadora sobre la Royal Navy inglesa en el puerto de Gibraltar y en otros puertos del mediterráneo. Dice en el preambulo del libro: "En los años 1942 y 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, buzos de combate italianos hundieron o dañaron catorce barcos aliados en Gibraltar y la bahía de Algeciras. En esta novela, inspirada en hechos reales, sólo algunos personajes y situaciones son imaginarios."

Destacar:
-El maiale -dije. Me miró con curiosidad, ligeramente sorprendida. -¿Sabe qué es un maiale? -Acabo de ver uno en el museo naval, junto al Arsenal. No era sólo eso. También había leído algún libro y visto algunas fotos: Segunda Guerra Mundial, torpedos tripulados con cabezas explosivas, ataques submarinos contra Alejandría y Gibraltar. Una guerra oculta y silenciosa.
-otoño de 1941. Escuela de buzos de Livorno y base secreta de adiestramiento de Bocca di Serchio, cerca de La Spezia, situada en una finca de caza puesta a disposición de la Regia Marina: un paraje discreto de aguas tranquilas, arena blanca, pinares y abundante vegetación, a salvo de miradas inconvenientes.
-1943, cuando el mariscal Badoglio capituló ante los aliados, la unidad de incursores submarinos italianos se había dividido en dos bandos: unos se unieron a los aliados y otros siguieron fieles al compromiso con los alemanes.
-En el ataque que el enemigo realizó contra Gibraltar en diciembre de 1942, con medios submarinos cuyas características ignorábamos entonces y operando desde una base que mantuvo secreta hasta el final, se manifestó de lo que eran capaces los italianos cuando estaban debidamente motivados. Aquella noche, con sólo el coste de dos muertos y dos prisioneros, sus buzos de combate incendiaron un petrolero e inmovilizaron un crucero para el resto de la guerra, causándonos 19.500 toneladas de pérdidas.
-En sus memorias Deep and Silent, publicadas en Londres en 1951, el capitán de corbeta Royce Todd narró sus recuerdos de las acciones submarinas en las que intervino durante la guerra, tanto en Malta como en Gibraltar.
-Un hombre desmotivado será siempre mal combatiente -observa-. Pero uno con motivos para luchar es peligroso.
-Conoces el chiste sobre qué es un gibraltareño? -No. -Un moro que habla español y que se cree inglés.




Novela muy entretenida, por un lado por la imformacion que te da  y por la propia historia anexa al hecho real.


2021, Penguin Random House Grupo Editorial

miércoles, 25 de septiembre de 2013

BOMBARDEO DE GIBRALTAR versus ATAQUE a MERS EL-KEBIR
En la madrugada del 24 de septiembre de 1940, 83 bombarderos franceses aparecían por sorpresa sobre el cielo el cielo de Gibraltar para descargar con furia toda su carga sobre la colonia. Aquel ataque no era sino la venganza del mariscal Petain, tras el ataque a traición ordenado por Churchill sobre el puerto argelino de Mers el-Kebir, en junio, donde murieron 1.300 marineros franceses. Y fue, sobre todo, el último gran bombardeo que ha sufrido el Peñón hasta el día de hoy.
El bombardeo que convirtió Gibraltar en un «verdadero infierno»
Desde España, en Algeciras, la población presenciaba horrorizada el espectáculo de haces de fuego formado por las bombas y las baterías antiaéreas situadas a lo largo del Peñón. Allí se encontraba ubicado también un corresponsal de ABC, que escribía: «A cada momento se presentan aviones, que descargan sus bombas y se marchar dirigiéndose hacia el Marruecos francés. Hay momentos en que los disparos de las baterías forman una nube tan intensa que impiden apreciar el resultado de los bombardeos. La población inglesa permanece en los refugios. Los aviones no cesan de ir y venir».
El ataque a Mers el-Kebir en julio de 1940 fue rápidamente considerado como uno de los mayores errores de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial, ya que supuso el fin de la neutralidad de la Francia de Vichy y su entrada «indirecta» en la conflicto del lado del Eje. Eso suponía tener de enemigo a todo el Imperio francés, incluidas sus colonias, en un momento en el que a los ingleses ya les resultaba difícil contener a la Alemania nazi y a Italia. Y de ahí surgió la idea de bombardear a Gran Bretaña en uno de los puntos donde más le dolería: Gibraltar.
No olvidar que el mismísimo general De Gaulle participo activamente en el ataque a este puerto argelino.
Noticia aparecida en ABC el 25 de Septiembre de 2013

lunes, 26 de agosto de 2013

LOS ASALTOS ESPAÑOLES A GIBRALTAR

El siglo XVIII -el de la pérdida de Gibraltar- tuvo en su haber tres asedios en los que España intentó arrebatar (y recobrar) el Peñón a la Pérfida Albión. Tras dos infructuosos grandes intentos en1704-1705 y 1727, la ocasión volvió a presentarse en 1779, año en el que se inicia el Gran Asedio a Gibraltar, la última ocasión en que España intentó recuperar Gibraltar por las bravas: a cañonazo, sangre y fuego... y con los franceses como aliados.
Ambas potencias aprovecharon la supuesta debilidad sajona, que dirimía otra guerra al otro lado del Atlántico contra las Trece Colonias norteaméricas lideradas por George Washington. En aquella guerra París y Madrid también se aliaron contra el inglés, unos atacando por el norte, los nuestros haciendolo por el Sur en Pensacola.
La Historia del Gran Asedio a Gibraltar -vaya por delante su nefasto resultado, de otro modo seguro que no estaríamos hablando de él en este 2013- comenzó con la firma del Tratado de Aranjuez un 12 de abril de 1779 por el cual la España del Rey Carlos III y la Francia del Rey Luis XVI sellaban esa alianza, renovando los Pactos de Familia contra Gran Bretaña.
El citado tercer pacto entre Borbones reclamaba para España la devolución de Gibraltar, Menorca (1782), Florida (1783) y la Honduras Británica, además de una serie de derechos comerciales que favorecían a los ingleses en el comercio de madera; Francia, por su parte, se quedaría con el derecho de comercio con la India, la expulsión de los ingleses de Terranova (Canadá), la recuperación de Senegal y la retención de Dominica. Ambas potencias acordaron incluso invadir Gran Bretaña, algo jamás perpetrado.
El 16 de junio de 1779 España declara oficialmente la Guerra a Gran Bretaña, aunque no reconoce la independencia de las Trece colonias por su temor a que la nueva era de los colonos americanos se extendiera al sur. Esta declaración de guerra era tan desconocida para los ingleses de Gibraltar que cuatro días después de su anuncio el mismísimo general George Elliott, gobernador de la plaza británica en la Península Ibérica, cruzó el istmo para felicitar al general español Joaquín de Mendoza, al cargo del campamento militar opuesto, por su ascenso a teniente general.
El día 21 España cerraba su frontera iniciándose el decimocuarto sitio sobre Gibraltar que supondría el inicio de «una de las campañas más importantes, el asedio más largo, duro y costoso en recursos y vidas humanas que padecería Calpe a lo largo de toda su historia, razón por la que se le conoce como el Gran Sitio», explica Isidro Sepúlveda Muñoz, doctor en Historia, profesor de la UNED y autor del libro " Gibraltar. La razón y la fuerza." (Alianza Ensayo)
«Un ingeniero con experiencia en asedios, destacado militar (sirvió en la Guerra de los Siete Años y en la toma de La Habana), bondadoso pero rígido, austero y abstemio era muy probablemente el perfil más adecuado para la dirección de la defensa de Gibraltar», argumenta el profesor Sepúlveda.
El general Elliott era definitiva un militar de gran prestigio: formación universitaria, pasó por las escuelas de ingeniería militar de Gran Bretaña y Francia, sirvió en el Ejército prusiano hasta que entró en el Regimiento 23 de los Royal Welch Fusiliers. De 1775 a 1778 fue comandante en Irlanda. Por parte española, el asedio fue dirigido por el general Martín Álvarez de Sotomayor, con fama militar en las campañas de Italia.
Las fuerzas por el lado británico al comienzo del bloqueo era de 5.500 hombres consistían en: cinco regimientos británicos, de quinientos hombres cada uno; tres regimientos de Hannover, de 360 soldados cada uno; medio millar de artilleros y un centenar de militares del cuerpo de ingenieros, un pequeño destacamento naval compuesto de cinco navíos se hallaba en el Peñón.
«La población civil que había en ese momento en la ciudad era de 3.200 personas, censadas en 1777 de acuerdo a criterios étnico-religiosos; de ese modo se sabe que había 519 británicos (protestantes, familiares de los soldados de la guarnición), 1.819 católicos (españoles, portugueses, genoveses y de otras nacionalidades mediterráneas) y 863 judíos».
En el lado español se alzaba el campamento militar de Punta Mala con 13.700 soldados al comienzo del sitio, entre los que cabe destacar a los mil artilleros, llamados a desempeñar un papel crucial en la contienda, doce escuadronres de caballería, cuatro batallones de infantería, dos de guardias españolas, otro dos de walonas, más un conjunto de fuerzas de regimientos de Aragón, Cataluña, Guadalajara, Soria y Saboya.
Una fuerza naval comandada por el almirante Antonio de Barceló anclada en los puertos de Algeciras y Ceuta para evitar que navíos británicos abastecieran a Gibraltar. Once navíos y dos fragatas se situó en el Golfo de Cádiz con el objetivo de impedir esos refuerzos.
«El Gran Sitio se divide en dos periodos bien delimitados; desde su inicio en junio de 1779 hasta la primavera de 1782 se mantuvo tan sólo un bloqueo, aun produciéndose algunos altercados, que trató de rendir a Gibraltar por medio de la falta de recursos y víveres; en el verano de 1782 se produjo el gran ataque, utilizando innovadores métodos y maquinaria, hasta que en febrero de 1783 se alcanzó un armisticio general de la guerra franco-española contra Gran Bretaña, que puso fin al sitio», delimita en el tiempo el profesor Isidro Sepúlveda.
Así llegado el estío de 1782, España comprendió que un bloque marítimo era insuficiente ya que los barcos británicos con provisiones alcanzaron Gibraltar sin problemas a partir de 1780 con la aparición de la armada del almirante George Rodney «que llenó de alivio y de pertrechos a los habitantes del interior de la ciudad, mientras causaba un importante daño en la moral del campamento español». Finalmente no se pudo rendir la plaza de Gibraltar por hambre, a pesar de las penosas condiciones que padecieron los habitantes de Gibraltar. El 12 de abril de 1781 se produjo la segunda ruptura del bloqueo cuando el almirante Darby arribó a Gibraltar con un centenar de barcos. Las fuerzas españolas debían cambiar de estrategia.
Recuperada con éxito Menorca en 1782, buena parte de la tropa que lanzó la campaña contra el inglés en la citada isla de Baleares se traslada ahora al campamento militar de Punta Mala. Al mando de las tropas combinadas hispano-francesas se sitúa ahora el general francés Berton Balle de Quiers, duque de Crillon, que hacía tiempo estaba al servicio del Rey español, sustituyendo así a Álvarez de Sotomayor.
La estrategia del mayor fuego con baterías de artillería flotantes contra Gibraltar será la siguiente fase del Gran Asedio. El ingeniero francés D'Arçon, con el apoyo español, presentó su plan. Las baterías flotantes era embarcaciones que se acercarían a Gibraltar, anclando y formando un gran cordón. Tras dejar inútiles a los cañones británicos, deberían introducir a la infantería para rendir la ciudad. En mayor de 1782 se inició la construcción de este proyecto quimérico de unas embarcaciones que dejaban circular en su interior el agua de mar para evitar el daño de la «bala roja», los proyectiles calentados al rojo vivo antes de ser disparados sobre Gibraltar.
Por su parte, Gibraltar, advertida del nuevo movimiento franco-español, comenzó a fortificar sus baterías y construir túneles en la Roca (una de las principales atracciones turísticas del Peñón hoy día).
A finales de agosto estaban terminadas las baterías flotantes. Se trataba de cinco baterías de dos puentes y cinco de un puente. El 13 de septiembre de 1782 fueron trasladadas hasta su emplazamiento frente a Gibraltar y comandadas por don Luis de Cordova. Una vez ancladas comenzó el bombardeo. En total, las doce baterías flotantes contaban con 142 cañones y 5.260 hombres.
«La respuesta de las baterías de Gibraltar se produjo al mismo tiempo, lo que deparó un espectáculo fantasmal con el humo y el olor a pólvora llenando toda la bahía. Aunque el daño producido sobre la plaza fue grande, en especial en el flanco norte y el King's Bastion, la acumulación de fallos en el conjunto español fue grande: la Marina estuvo completamente al margen del ataque, sin prestar el menor apoyo; las baterías flotantes no alcanzaron las posiciones necesarias para abatir sus objetivos, pero fueron alcanzadas desde tierra, incendiándose algunas y siendo voladas el resto por no poder ser remolcadas; las lanchas cañoneras que debían operar al cobijo de las flotantes no aparecieron; las baterías del istmo fueron aprovisionadas inicialmente con balas para tres horas, por lo que a medio día no tenían munición para mantener el fuego sobre sus objetivos», relata Isidro Sepúlveda en su libro «Gibraltar. La razón y la fuerza».
Resumiendo: un estrepitoso fracaso de España y los ingenios de D´Arçon. Más «la muerte de dos mil hombres y la quiebra de la moral atacante en el campamento español mientras que el interior de Gibraltar se reforzaba el espíritu de resistencia». Ya se preveía que el Gran Asedio de Gibraltar, una vez más, no podría ser.«Finalmente, el 3 de septiembre de 1783 se firmó la Paz de Versalles, en la que se reconocía la independencia de EE.UU., Gran Bretañá entregaba a Francia varias islas de las Antillas menores y le devolvía fortalezas en África y Asia, mientras que a España se le reconocía su posesión de Menorca, se le devolvía Florida y los británicos abandonaban todas sus posiciones en el golfo de México. Gibraltar ni siquiera fue mencionado en el tratado».

El Gran Sitio duró tres años, siete meses y veinte días. Resultado: unos 870-1.000 muertos en el lado británico y 6.000 en el lado español.