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jueves, 13 de abril de 2017

El ensayo LA PRINCESA DE EBOLI del insigne historiador Manuel Fernandez Alvarez.

Narra la historia a partir del asesinato de Juan de Escobedo, el 31 de marzo de 1578. Este es nada menos que el secretario de don Juan de Austria, el hermano del Rey. En el ojo del huracan esta Antonio Perez, secretario de Felipe II y Ana de Mendoza y de la Cerda, viuda de Ruy Gómez de Silva, el que había sido gran privado del Rey. La futura princesa de Éboli, ya marcada desde la cuna por su alto linaje, como biznieta del gran cardenal Mendoza (aquel cuyo poderío era tanto bajo los Reyes Católicos que el pueblo lo llamaba «el tercer Rey de España»), nació en 1540. Doña Catalina de Silva, la esposa de Don Diego Hurtado de Mendoza, segundo conde de Melito, da a luz en Cifuentes (Guadalajara) a una niña a la que pondrá por nombre Ana el 29 de junio. El conde de Melito era un personaje de la Corte de Carlos V, al que el Emperador nombrará Presidente del Consejo de las Órdenes Militares.
En 1552 la prometen con Ruy Gomes de Silva, un joven afortunado que había entrado en España, en 1526, con el séquito de la emperatriz Isabel. Desde la más tierna infancia del Príncipe Felipe, Ruy Gomes de Silva se convirtió en algo más que en compañero de juegos: en el amigo, en el confidente y, en definitiva, cuando el Príncipe se hizo hombre, en su privado. Las Capitulaciones para el casamiento de Ruy Gomes de Silva con doña Ana de Mendoza, se celebran entre S. A. el príncipe don Felipe y los condes de Melito, pues el rango del novio no era el correcto sin el apoyo del futuro rey. De manera que hacia 1557 ya tenemos a doña Ana de Mendoza como una mujer casada con el principal personaje de la Corte de Felipe II; una situación normalizada en 1559, con el regreso definitivo del Rey a España y de su privado, Ruy Gomes de Silva despues de la estancia en Inglaterra como consecuencia del matrimonio con Maria Tudor.
Existe una pugan de poder entre Don Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba, y mayordomo mayor del Rey, y Ruy Gomes de Silva, príncipe de Éboli, que era el auténtico privado de Felipe II. En la sombra el secretario del rey Antonio Perez.
Entre 1560 y 1564, se puede afirmar que la princesa de Éboli está en la cumbre de su poder. Es la mujer del privado del Rey y su protagonismo en la Corte lo va a realzar todavía más convirtiéndose al menos en la amiga, tanto de la Reina como del Monarca. No existen pruebas pero la cabe suponer que Felipe II y la princesa de Eboli tuvieron relacciones intimas.
Antonio Pérez había recibido una exquisita formación universitaria a nivel europeo. Su padre, verdadero o supuesto, Gonzalo Pérez, el Secretario de Estado, le había mandado a estudiar a algunas de las mejores universidades europeas (Lovaina, Venecia, Padua; y en España, Alcalá y Salamanca). A su regreso a España, Gonzalo Pérez lo incorporó a la Secretaría de Estado, donde pronto demostró su talento. De forma que, a la muerte de Gonzalo Pérez, el Rey dividió la Secretaría de Estado en dos secciones (la del norte, que abarcaba Flandes y Alemania, y la de Italia), y encomendó a Antonio Pérez la de Italia, de la que tomó posesión en 1568, a poco de su boda con doña Juana Coello.
A la muerte del principe de Eboli, todos los indicios apuntan a que Antonio Pérez acabó metiéndose en la cama de la princesa de Éboli, la pregunta obligada es: ¿quién sedujo a quién? Para mí, fue Ana de Mendoza, una especie de mujer fatal del siglo XVI, como la juzga Gregorio Marañón. Eran las ansias de poder. 
Juan Escobedo es conocedor de todas las intrigas y negocios del corrupto Antonio Perez, por eso este convence al rey ,de que por influencias de Juan Escobedo, que su hermano D Juan de Austria esta desde Flandes preparando un golpe de estado contra la corona. Felipe II autoriza a Antonio Perez a eleminar a Juan Escobedo, es por lo cual es asesinado. Felipe II pudo comprobar entonces el engaño en que había caído y sin duda hicieron mella en él las protestas de fidelidad de don Juan de Austria y aquel lamento suyo por la muerte de Escobedo. En noviembre de 1578 murio en los Paises Bajos D.Juan de Austria.
Estaba en marcha la operación de Lisboa, pues no olvidemos que la muerte del rey don Sebastián de Portugal en Alcazarquivir, en el verano de 1578, había planteado la gran cuestión de Estado de la sucesión al Reino portugués, del que Felipe II se consideraba como el heredero con mejores títulos. Se decía que la princesa de Éboli había tenido recientemente relaciones con la casa de Braganza, que era una de las aspirantes a tan notable sucesión regia en Portugal, de echo el hijo de la Princesa de Eboli se casa con Ana de Portugal y Borja , señora de Monovar.
El 28 de julio de 1579, el cardenal Granvela llegaba a Madrid. Se entevisto con el rey. Aquella misma tarde Felipe II despachó con Antonio Pérez con toda normalidad. Mas cuando el Secretario se retiró a su domicilio, se encontró con lo inesperado: la orden del Rey de su prisión. A la misma hora, con un calculado golpe de efecto, era detenida también la princesa de Éboli; en este caso, presentándose en su morada don Rodrigo Manuel de Villena, como Capitán de la guardia española del Rey. 
La etapa de los cautiverios de la princesa de Éboli en sucesivas prisiones, duraría ya lo que el resto de su vida. Sin embargo, aun dentro de esa penosa época en que carece de libertad, hay tres periodos bien marcados. El primero, que nos lleva hasta finales de 1582, cuando Felipe II decreta desde Lisboa, el 8 de noviembre de aquel año, la muerte civil de la Princesa; esto es, su incapacidad jurídica para gobernar su casa y para administrar los bienes y cuidar de las personas de sus hijos. Lo cual era anular todo el testamento de Ruy Gomes que, como hemos visto, dejaba a Ana de Mendoza como tutora de sus hijos y administradora de la casa de Éboli. La segunda etapa, muy larga, duraría hasta 1590, año en el que, tras la fuga de Antonio Pérez al Reino de Aragón, la furia del Rey se cebó con la indefensa Princesa para extremar el rigor de su prisión; una larga etapa, por lo tanto, de unos ocho años. Y finalmente una tercera, ya más breve, en la que Ana de Mendoza viviría casi emparedada, en unos extremos de rigor verdaderamente crueles, hasta que le llegó la muerte el dos de febrero de 1592. 
¿Por qué Felipe II actuó siempre contra ella, a partir de 1579, de forma arbitraria, y con tanta saña, saltándose los más elementales principios de la Justicia ordinaria?. A mediados de los años sesenta se produce una fisura en la relaccion de la princesa y el rey ¿Por qué? Probablemente por la inoportura intervencion de la princesa en algun asunto relaccionado con Eufrasia de Guzman, la entonces amante del rey. Por otro lado parece que el rey intenta impedir que Ana de Mendoza hable sobre la muerte de Escobedo. Tambien no hay que olvidar la intervencion en la sucesion de Portugal.
De este modo Felipe II hizo bueno el dicho que corría por la Corte : " su risa y su cuchillo iban tan juntos que a todos ponía espanto", algo que Ana de Mendoza aprendería, bien a su pesar y a su costa.
Ver la entrada EL CASTILLO DE DIAMANTE de Juan Manuel de Prada.

Publicado en 2009


domingo, 26 de marzo de 2017

La novela EL CASTILLO DE DIAMANTE de Juan Manuel de Prada (1970) . Muy interesante la historia que cuenta con muchos detalle, que dan toda la sensación de estar bien documentados. Relata la lucha entre dos personajes de una fuerza increíble , por un lado Teresa de Jesús ( Teresa de Aumada), con su fuerza interior y espiritual apoyándose en su Majestad (Dios); y por otro lado la Princesa de Evoli ( Ana de Mendoza), personaje adoradora del poder y celosa de Teresa en cuanto a su conexión espiritual que una principal como ella no es capaz de alcanzar.
Relata como se marido Ruy Gómez de Silva, era el hijo de una de las cortesanas que vinieron a España acompañando a Isabel de Portugal al casarse con Carlos I de España. Este chico se crió con el infante, futuro Felipe II, entablando con el una gran amistad. Lo tuvo de consejero-secretario una buena parte de su reinado siendo este, por su prudencia y mesura, el contrapunto al Duque de Alba.
Le sucedió en el cargo de secretario Antonio Pérez, que se habia curtido a sus pechos.
Algunas frases dignas de recordar:
-"Supuso que eran jesuitas, los terribles jesuitas de labios adelgazados de silogismos y ojos abrasados de pólvora teológica que en unas pocas décadas habían relegado a las ordenes tradicionales".
-"Ana había oído decir a sus detractores que los jesuitas eran sinuosos y resbaladizos como culebras; y que sabían instalar su veneno sin que su adversario se percatase".
-"La astucia en la mujer consiste en saber amoldarse a la coyuntura.Si se esta con muchos, se habla poco,y nunca se porfía en lo que nada importa. A todos se debes hablar con alegría, de ninguna cosa debe hacerse burla, ni se debe reprender a nadie sin discreción ni humildad. Acomódate al carácter de aquel con quien trates: con el alegre, muéstrate alegre, con el triste, triste; y, en fin, hazte a todos para ganarlos. Nunca hables sin pensar antes lo que vas a decir, y no encarezcas mucho las cosas, sino dilas con moderación".
-" Antonio Pérez era el hijo ilegitimo de Gonzalo Pérez, secretario del emperador Carlos y clérigo cuya estrella en la Corte había empezado a declinar precisamente cuando se alzo la de Alba y su partido. Antonio lo adiestro su padre para que algún día vengara las afrentas que le inflingio Alba, como se adiestra a un mastín para que muerda".
"El secreto del predominio o tiranía que Antonio ejercía sobre Felipe se cifraba primeramente en haber descubierto su carácter débil; y después, en haberlo sabido esconder ante quienes en cambio no lo habían descubierto".
 -Felipe había conseguido arrebatar al Papa la facultad de proveer obispos, así
 como reservarse una Inquisición propia e imponer que tanto las indulgencias como cualquier otra disposición romana necesiten sanción real.
-"Ana: Muchas veces quise rezar como vos, mentalmente y en recogimiento, pero nunca pude....Sera que no puse empeño suficiente,o que Dios siempre me esquivo....
Teresa responde: Porque siempre os quedasteis en las primeras moradas, donde el alma aun atiende las preocupaciones del mundo, que acaban por aturdirnos."
-"Ana pregunta: ¿Y como es eso de unirse y desposarse con Dios?. Respuesta de Teresa: El desposorio es como si la lluvia cayese sobre un rio y ya no se puede saber cual es el agua del rio y cual la del cielo."
- Teresa murio en Alba de Tormes en 1582. << ¡Tiempo es ya de que nos veamos, Amado mio y Señor mio! Ya es llegada la hora de que salga de este destierro y mi alma goze de vos, como tanto lo he deseado. >>.

Publicado en 2015 por Espasa Libros S.L.   ISBN 978-84-670-4935-0