jueves, 26 de diciembre de 2024

LOS CONQUISTADORES por Eric Vuillard

 Un peñazo de libro, la visión del autor es muy especial

sábado, 16 de noviembre de 2024

TODOS LOS VALIENTES por Antonio Muñoz Molina



 SOLO LO QUE EL PAIS ME DEJA VER SIN PAGAR.


En esta época de permanente exhibición pública del verbo follar, incluso en medios antes tan comedidos como este, y de celebración de los órganos genitales de uno y otro sexo, o género, o como haya que decirlo ahora, estoy esperando el momento en que alguien dé un paso al frente y alabe sin eufemismos el tamaño y la potencia de los atributos del rey Felipe VI. Cabe suponerlos muy superiores a los del presidente del Gobierno, que en virtud sin duda de la pobre dotación de los suyos salió huyendo protegido por los paraguas ...


VER FOTOS DEL VALIENTE


Y DEL COBARDE


Este escritor es un descerebrado. ¿ como se puede hablar de los atributos sexuales del Rey y de Sánchez ?. Es un gilipollas sectario que solo escribe desde su rabia. Imbécil.


“Me ha gustado hoy el Rey: templado y valiente, aguantando y dando la cara mientras Sánchez se largaba y a Mazón, como es bajito, no se le veía. Lo que no comprendo es cómo se ha presentado allí acompañado de esa gentuza”, tuiteó el escritor Arturo Pérez Reverte, de 72 años (2,57 millones de seguidores en la red social X), tras los incidentes en Paiporta (Valencia).


SER VALIENTE ES DE FASCISTA por Arturo Pérez Reverte

 

Ser valiente es de fascistas

PREMIUM
Actualizado 

El 3 de noviembre, sólo unas horas después de que el presidente Sánchez diera la espantada en Paiporta, quitándose de en medio mientras los Reyes de España, con entereza y gallardía, se mezclaban de tú a tú con los vecinos encolerizados, medios de comunicación simpatizantes del Gobierno, o vinculados a él, empezaban una campaña simultánea de justificación de la actitud presidencial, que en sólo una semana pasó por cuatro interesantes fases.

La primera, la inmediata, fue incluir a los Reyes en los improperios e insultos que en realidad no iban dirigidos a ellos, sino a las autoridades -Pedro Sánchez y Carlos Mazón- que los acompañaban. La segunda, pocas horas después, consistió en el mágico escamoteo, visto y no visto, del presidente del Gobierno, del que no aparecían imágenes y ya ni siquiera se le mencionaba, a fin de dar la impresión de que la cólera y la desesperación iban dirigidas hacia los monarcas. Sin embargo, ni uno ni otro lavado de cara pudieron borrar las imágenes, ampliamente difundidas por las redes sociales y algunas televisiones, de Pedro Sánchez retirándose, cabizbajo y derrotado -consideren ambos adjetivos como delicados eufemismos- entre los escoltas que lo protegían; así que la fase siguiente fue atribuir el incidente a un hostigamiento preparado por elementos de extrema derecha venidos de fuera. Tampoco ese argumento tuvo éxito, desmontado por la realidad; así que se pasó a la cuarta fase, la más interesante de todas. Y es la que motiva esta reflexión. Este artículo.

El 9 de noviembre, coincidiendo con otras manifestaciones similares en medios informativos y redes sociales, el escritor Antonio Muñoz Molina -académico de la RAE y ex director (con el PSOE) del Instituto Cervantes en Nueva York- difundía un largo artículo titulado Todos los valientes en el que, con un acusado tono de pedantería moral que habría hecho sonrojarse a Catón el Viejo, criticaba tanto a quienes alabaron el coraje personal de los Reyes de España en Paiporta como a quienes, en otros asuntos y ámbitos, elogian -o elogiamos, permítanme incluirme en el plural, ya que se me incluía en el texto- el valor en general, el coraje de quien da la cara y en vez de escudarse tras guardaespaldas, fugas o pretextos, hace frente con firmeza a los embates de la vida.

Para el autor de ese artículo y para quienes en otros medios y lugares expresaban su acuerdo o lo jaleaban con entusiasmo, el valor personal no es en absoluto una virtud, sino un rasgo sospechoso que invita a desconfiar de quien lo posee. La testosterona -escribía Muñoz Molina- es como aquel brandy Soberano que veíamos anunciado en los televisores del paleolítico franquista.Y acto seguido vinculaba el asunto, en hábil juego de manos, con los guardias civiles con bigotazos, tricornios y exabruptos de bebedores de coñac que asaltaron el Congreso el 23-F, dándole de paso un puyazo al escritor y poeta Manuel Vilas, que se ha sumado estos días a la glorificación del coraje físico, por recordar el valor de Santiago Carrillo y Adolfo Suárez al mantenerse erguidos en aquella jornada. Elogiarlos, según Muñoz Molina, rebaja la dignidad o pone en duda la entereza de quienes sí se escondieron bajo sus escaños. Lo que lleva, naturalmente, a una conclusión ineludible: en España o fuera de ella, ser valiente es de fascistas.

Lo de menos -o no tan de menos- es que, torpemente, con tanto guardia, tanto coñac y tanta testosterona, Muñoz Molina asocia, y ahí le salta sin darse cuenta el automático, el valor físico, y de rebote la entereza moral, con el lado masculino de la vida; olvidando el fino moralista -está casado con la escritora Elvira Lindo, que le dé explicaciones a ella- que con frecuencia las mujeres, como se ve a diario en Valencia y en todas partes, incluida la Casa Real, manejan dosis de coraje y entereza que convierten a muchos hombres en tímidos muñequitos de feria. En cualquier caso, la idea de cobardía progre y coraje masculino y rancio no es nueva, aunque estos días vuelva a utilizarse como herramienta útil en manos de paniaguados y palmeros de la izquierda más servil. No hace muchos años, un notable intelectual -ya fuera de combate, no procede ahora su nombre- afirmó en un programa de radio de gran audiencia que ya es hora de reivindicar la cobardía. Y con más o menos fortuna, el argumento de la enternecedora y admirable dignidad del cobarde frente a la rancia, casposa y franquista chulería del valiente ha sido manejado hasta ahora a conveniencia de cualquier interesado, contundente y oportuno cual pedrada en ojo de boticario. Ser valiente no es obligatorio, naturalmente, y el respeto debido a quien no puede o no quiere serlo es incuestionable; pero algo muy distinto es glorificarlos frente a quienes sí lo son, y que a menudo pagan altos precios por ello.

Porque lo de Paiporta no es la primera vez, ni será la última. Ni tampoco la inefable derecha se priva de recurrir a esa estúpida falacia. De un extremo a otro del paisaje ideológico, aqueos y troyanos -disculpen la comparación clásica con estos cagamandurrias de aquí, pero es que es muy bonita- van a insistir en convencernos: ser pusilánime es de izquierdas y mostrar coraje es de derechas: paradójicamente, en esa estupidez van a coincidir en el futuro unos y otros; lo hacen ya, arrogándose cada cual el papel correspondiente. Y también, claro, puestos a etiquetar, mostrarse partidario del aborto, suscribirse a El País, ver películas de Almodóvar, usar bici o patinete, defender la acogida de inmigrantes o leer a Sergio del Molino seguirán siendo para la derecha cosas de rojos; mientras que para los de izquierdas será impensable que un progresista maltrate a mujeres, viole a niños, eructe en la mesa, vea El Hormiguero, investigue a Begoña, se niegue a decir ellos, ellas y elles o critique con ecuanimidad lo más infame de toda nuestra clase política, sin la precaución de diferenciar por siglas. Eso, según recoge la periodista Natalia Junquera -que también ha intervenido con admirable tesón en la antes mencionada cuarta fase-, puede parecer crítica política, ese ejercicio sano y necesario (...), pero es antipolítica, que daña la democracia. Lo que pone en idéntico saco ideológico, y por supuesto al otro lado del tristemente famoso muro de buenos y malos levantado por Pedro Sánchez y sus socios, un editorial de EL MUNDO, un comentario en la tele o un artículo del arriba firmante, equiparándolos con la derecha más idiota o a la ultraderecha más cerril, incluidos el payaso de AlvisePérez, Vox, Falange de las JONS (¡!), Desokupa o Victoria Federica.

Y de ese modo, para los palmeros blanqueadores de la arrogancia y la cobardía, cualquier discrepancia con las consignas de rigor -no hacen falta todas a la vez, con un poquito basta- delata, por supuesto, una obvia ideología fascista, sólo a medio palmo de distancia de Elon Musk o Donald Trump. Calculen ustedes la de timoratos, pusilánimes, oportunistas y ratas de alcantarilla que pueden escudarse, y en realidad lo hacen, tras semejante burladero.

lunes, 11 de noviembre de 2024

lunes, 10 de junio de 2024

IRSE por David Ruiz

 bien, un periplo curioso

sábado, 25 de mayo de 2024

miércoles, 8 de mayo de 2024

martes, 26 de marzo de 2024

LE DEDICO MI SILENCIO de Mario Vargas Llosa

 


Es una obra extraña. Por un lado cuenta una historia de un periodista-escritor sobre música peruana y por otro lado capitulo si y otro no cuenta historia del la música popular del Perú, su opinión sobre los Incas e incluso sobre su pensamientos sobre Dios.
En fin toda una amalgama con no mucho interés.


jueves, 29 de febrero de 2024

SOLAR por Ian McEwan

 

«Una novela apasionante sobre la razón y la irracionalidad. Nos retiene y deslumbra hasta la última página con su aguda percepción de la vida contemporánea, y su implacable suspense» (P. Kemp, The Sunday Times).

«Las incitaciones a reflexionar sobre el cambio climático abundan, y nos apremian. La opción que ha tomado McEwan es tan sorprendente como elegante; en lugar de elegir el Apocalipsis, opta por la comicidad» (ChristopherTyler, The Guardian).

«Una obra maestra de la sátira. Divertida e inteligente, Solar será uno de los clásicos de nuestro tiempo» (Loma Bradbury, The Telegraph).

«Un libro rico y elaborado como no veíamos desde hace mucho tiempo, un antihéroe moderno, pleno de defectos y vitalidad» (Masolino D'Amico, La Stampa).


Me resulto tremendamente interesante. Mi sorpresa es que la tenia firmada como ya leída en Mayo de 2011


martes, 23 de enero de 2024

LOS MISTERIOS DE LA TABERNA KAMOGAWA por Hisashi Kashiwai

Solo el interés de alguna receta. Es el clásico libro con aparente éxito por labor de los medios , no por merecimiento

 

sábado, 13 de enero de 2024

COLOR por Victoria Finlay

  Cuenta el origen de los colores. interesante para un conocimiento histórico


sábado, 30 de diciembre de 2023

EL HORIZONTE QUIMERICO por Martin Llade


Me parece una estupidez escribir historia inventadas de personajes reales. presta a confundir la realidad con la opinión del escritor.
Este tío es un idiota.

 

jueves, 23 de noviembre de 2023

CIUDADANO MAX por Alberto Vaquez Figueroa

 

Una Sociedad que se dedica a descubrir y detener malechores, pagada por el perjudicado. Este individuo es juzgado por un jurado particular de hombres justos e incluso con carles privadas para el cumplimiento de pena. Todo un planteamiento que te hace pensar.

domingo, 19 de noviembre de 2023

BIMINI de Alberto Vazquez Figueroa


 Una historieta como otra cualquiera

miércoles, 15 de noviembre de 2023

LOS ASESINOS DE LA LUNA

 


Pelicula en cine CASABLANCA

Título original: Killers of the Flower Moon
Año: 2023
Duración: 206 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Martin Scorsese
Guion: Eric Roth, Martin Scorsese. Libro: David Grann
Reparto: Leonardo DiCaprio, Robert De Niro, Jesse Plemons, Lily Gladstone, Tantoo Cardinal, John Lithgow, Brendan Fraser, Cara Jade Myers, JaNae Collins, Jillian Dion, William Belleau
Música: Robbie Robertson
Fotografía: Rodrigo Prieto
Género: Thriller

Sinopsis

Cuando se descubre petróleo en la Oklahoma de los años 20, bajo las tierras de la nación Osage, sus pobladores son asesinados uno a uno hasta que el FBI interviene para resolver los crímenes.


La pelicuca resulta muy pesada por lo lenta que es. La historia es muy interesante y tanto los personajes como el director me parecen muy bien pero lenta , muy lenta.





 

viernes, 10 de noviembre de 2023

EL LIBRERO DE KABUL por Asne Seierstad

 Una historieta sobre costumbrismo islamico. Poco interes.



jueves, 9 de noviembre de 2023

LA HISTORIA DE ESPAÑA QUE NO NOS CONTARON por Jose Maria Carrascal

 


Muy interesante las historias que no conocia y la visión de otras muchas. Merece la pena leerlo

lunes, 9 de octubre de 2023

YA OFENDE HASTA EL SILENCIÓ por Arturo Pérez Reverte

 


Permítanme, y me disculpo de antemano, que hoy sea grosero para ser más      elocuente: estoy hasta los cojones. Hasta más arriba de la línea de Plimsoll, quiero decir,de tanta insistencia y tanta murga. 

No es ya que desde hace tiempo, sobre todo a través de las redes sociales,la peña pida tu opinión sobre esto o aquello: eso es legítimo, y también a mí me interesa la opinión de mucha gente, sobre todo si es cualificada, e incluso –a veces más interesante aún– de la que no lo es. Pero una cosa es dar tu opinión sobre algo, y otra plegarse a la contumaz exigencia de todo cristo.

Defínase, te aprietan. Mójese en esto o lo otro, diga qué piensa de Fulano o Mengano, de la guerra de Ucrania o de la de Vietnam, de Sánchez, de Abascal, de Feijóo, de Yolanda Díaz, de Putin, de Trump o de la madre que los parió. Diga públicamente dónde se sitúa respecto a todo eso, o a lo que sea, para que yo, nosotros, quienes seamos, en grupo o a solas, podamos aplaudir, si coincide con nosotros, e insultar, si discrepa. Ofendernos como Dios manda.

Todo es una permanente y perversa trampa saducea: si elogias, se ofenderán quienes detestan; si criticas, se ofenderán quienes defienden. Y si elogias y criticas al mismo tiempo lo que estimas positivo y negativo de algo o alguien, se les funden los plomos a todos. No estar dogmáticamente alineado en uno u otro bando, sea el que sea, resulta inconcebible para unos y otros. Ajenos a la fértil incertidumbre de la inteligencia, sólo existen para ellos el blanco y el negro, nunca el matiz, el razonamiento, el debate, la compleja gama de grises: misógino, masón, rojo de mierda, fascista, vendepatrias, dinos quién te paga. Da igual la biografía, los libros, las opiniones –acertadas o no– fruto de una vida o un pensamiento. Lo que buscan es una frase, incluso fuera de contexto, que puedan aislar y explotar a favor de ellos mismos, de su mezquino, chato y fanático mundo.

Pero es que ya no sólo ocurre cuando opinas, sino cuando callas. Ahora también te insultan por tener la boca cerrada, como si abrirla fuese obligación ineludible de cualquiera que tenga voz pública. Son capaces de interpretar hasta lo que no dices. ¿Cómo no ha dicho usted, o no has dicho –el tuteo envalentona más– nada sobre el incendio forestal de Canarias, o de la violencia en México, o de la desaparición de la foca monje en las Chafarinas, o del festival de Eurovisión? Porque si callas, deducen los muy estúpidos, es que piensas esto o aquello.

¿A qué se debe tu silencio culpable sobre el más reciente crimen machista, las lluvias torrenciales de septiembre o la última película de Almodóvar?, inquieren con retintín. ¿Crees que vas a escapar de sumarte al caso Rubiales –ese grosero gañán, sin duda– con decir que te niegas a participar en linchamientos colectivos, que todo roza ya el disparate y que, además, el baloncesto te importa un carajo?

Las redes sociales, el paisaje de hoy, están en manos de innumerables cretinos, cuando no malvados –unos pueden convertirse en otros con facilidad– que no desean escuchar opiniones sino confirmación de sus amores y odios personales. No quieren debate, ni pensamiento; no buscan convencer, sino acusar. Anhelan sentirse parte de un grupo y enemigos de otro, en un mundo que ha sustituido humanismo por humanitarismo y razón por sentimientos. Para qué voy a pensar, si es más cómodo sentir. Tal es la ideología asquerosamente emocional de este siglo: un estúpido simplismo de buenos y malos, necesitado de claras líneas divisorias que hagan sentirse confortable a uno u otro lado, según cada cual. Y más si se trata de España, siempre enferma de su propia Historia, donde gracias a una clase política infame –elegida por los ciudadanos a quienes representa– y a cierto periodismo parásito que vive de ella, todo es más visceral, más enconado, más abyecto. Donde te exigen ser de los suyos, sean los que sean, o verte exterminado sin dejar rastro. Ahorcado, si es posible, con tus propias palabras.

No se dan cuenta, es lo terrible. No advierten, esos limitados e irresponsables analfabetos, a dónde conducen tan turbios caminos. Como no han leído historia, ni visto nada fuera de la pantalla del teléfono móvil –y ni siquiera en él–, ignoran que todo ocurrió antes. Imposibilitados para mirar con lucidez el mundo en que viven y escupen, son suicidas gozosos, incapaces de ver cómo acaba eso. De advertir a qué áspero campo de batalla sentencian a sus hijos y nietos. Pero, bueno. Es lo que hay, y lo que va a haber. A ustedes y a ellos tocará vivirlo y sufrirlo. Yo cumplo 72 este año y me bajo en la próxima –quizá por eso lo veo tan sombrío, no sé–. En cualquier caso, déjenme administrar mis silencios o mis palabras como crea conveniente. Como dije alguna vez, considérenme un inglés en Marruecos.



Publicado en ABC el 6 de Octubre de 2023

viernes, 22 de septiembre de 2023

JORGE JUAN : el sabio español olvidado




En 1734, Felipe V recibió la solicitud de su sobrino Luis XV de Francia para que permitiese que una expedición de científicos franceses accediese al virreinato de Perú; desde allí deseaban realizar unas importantes medidas del meridiano cerca del ecuador terrestre. El rey español accedió, pero con una condición: en una Real Orden dispuso «elegir dos de sus más hábiles oficiales, que acompañasen y ayudasen a los académicos franceses en todas las operaciones de la medida», y esta elección recayó sobre los dos cadetes guardamarinas que más destacaban en la Academia de Cádiz. Sus nombres eran Antonio de Ulloa y Jorge Juan. Cuando la expedición gala llegó a Cartagena de Indias, el 15 de noviembre de 1735, les estaban ya esperando los dos jóvenes guardamarinas. Con edades de 19 y 21 años, habían sido ascendidos precipitadamente a tenientes de navío de la Armada para que su graduación fuese acorde con la responsabilidad encomendada. Pero los dos españoles no iban a tener una tarea fácil. Inicialmente, los científicos franceses los menospreciaron, aunque pronto se darían cuenta de la valía de los dos jóvenes y pasarían a confiar en su buen hacer. Antonio de Ulloa, que quizás tenía mayor vocación militar que científica, adoptó el papel de cronista de la expedición. Su libro Viaje a la América Meridional narraría, al final de la expedición, de una manera vívida todos los avatares a que se vieron sometidos durante los nueve largos años que duró el viaje. Por su parte, Jorge Juan emprendió las tareas más técnicas con gran dedicación, y profundizando en ellas de una manera que asombró a los franceses. Su obra en colaboración con Ulloa, Observaciones astronómicas y phisicas, es mucho más técnica que el otro libro de Ulloa. Aquí recoge Jorge Juan, en integridad y con todo lujo de detalles, el trabajo técnico que fue llevado a cabo por la expedición. El objetivo específico de los académicos era medir un arco de meridiano a lo largo de más de 350 kilómetros, desde Quito a Cuenca, abarcando un ángulo de unos tres grados. Hay que tener en cuenta que las medidas se realizaban a una altitud promedio de 3.500 metros y que algunos picos de los Andes, como los volcanes Pichincha, casi alcanzan los 5.000 metros. Las medidas acabaron concluyendo que la Tierra era achatada por los polos, refrendando así la teoría de la gravedad de Newton. Fue un hito científico de primera magnitud y, para Jorge Juan, supuso un éxito enorme: cuando nuestro hombre llegó a Brest, el 31 de octubre de 1745, y desde allí pasó a París, la calidad de su trabajo se impuso rápidamente. Pronto fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias de París. Posteriormente, habiendo sido enviado por el Gobierno español en comisión oficial a Londres, sería acogido como miembro de la Royal Society. Su prestigio iría aumentando de manera ya imparable durante toda su vida. Los franceses se referían a él como «el sabio español». Desde Francia, Jorge Juan llegó a Madrid en 1746, donde fue recibido con cierta frialdad. Felipe V había muerto y, bajo Fernando VI, la Marina y la Secretaría de Estado no mostraron mucho entusiasmo por sus logros. Fue el Marqués de la Ensenada quien vio enseguida el potencial de este singular marino, que podría serle sumamente útil para desarrollar su política naval. Ensenada le envió a Londres en 1749 con varias misiones secretas: allí hizo de espía adoptando el nombre de Mr. Josues y de allí tuvo que regresar al cabo de 18 meses disfrazado de marinero raso. En 1750 fue ascendido a capitán de navío; su carrera seguía progresando meteóricamente. En 1752, Juan fue nombrado director de la Academia de Guardamarinas de Cádiz, con el objetivo de implantar las enseñanzas más avanzadas de la época. Allí desarrollaría una labor ejemplar, contratando a profesores competentes y relegando a quienes no consideraba capacitados. Fundó el Observatorio de San Fernando (que hoy sigue activo) en 1753, dotándolo con los mejores aparatos de la época y manteniendo correspondencia de sus observaciones con las academias de París, Londres y Berlín. Nuestro sabio tenía entonces 40 años. En Cádiz, permanecería dedicado a las técnicas de navegación y a la construcción de arsenales. Pero viajaba a menudo para atender las múltiples tareas que se le encomendaban, sobre todo la construcción de diques y arsenales en diferentes puntos de la geografía española. En 1767, Carlos III le nombró embajador extraordinario en Marruecos, para llevar a cabo una difícil misión que concluyó con la firma de un Tratado que satisfacía las principales aspiraciones españolas. En 1770, Jorge Juan regresó a Madrid aceptando la dirección del Real Seminario de Nobles, una institución (especie de universidad privada) que había caído en decadencia tras la expulsión de los jesuitas. Es aquí donde poblicó su gran obra, Examen Marítimo, fruto de 14 años de trabajo, que pronto se convertiría en referente mundial para la construcción naval. Y es también en Madrid donde desarrollaría la idea de fundar un nuevo observatorio, que respondiese al interés creciente por la astronomía que se estaba viviendo en el país. Si el de Cádiz estaba consagrado a la aplicación de la astronomía a la navegación, a imagen del de Greenwich, el nuevo observatorio estaría más consagrado a la astronomía per se, tomando como modelo el observatorio de París. El Real Observatorio de Madrid no sólo sigue en pie tras más de 230 años de actividad, sino que está viviendo algunos de los momentos más brillantes de su historia. En una esquina del parque del Retiro, ha sido declarado recientemente Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el marco del Paisaje de la Luz. Y, en este incomparable entorno, mantiene una actividad científica vibrante y vanguardista. Pero no todo fue brillante en la vida de Jorge Juan. Defensor del heliocentrismo copernicano, como correspondía a todo hombre de ciencias instruido de su época, Juan siempre fue sospechoso para la Inquisición. En 1763, a los 50 años de edad, escribió un corto ensayo sobre el Estado de la astronomía en Europa en el que mostraba su profundo disgusto. Refiriéndose al movimiento de la Tierra alrededor del Sol, escribió: «¿Podrá ningún Católico sabio entender esto sin escandalizarse? Y quando no hubiera en el Reyno luces suficientes para comprehenderlo ¿dexaría de hacerse risible una Nación que tanta ceguedad mantiene?» El sabio español se quejaba así de algunos de los prejuicios que han persistido en España durante siglos hacia el método científico, prejuicios que contribuyeron a que las ciencias no progresaran aquí al mismo ritmo que en las naciones de nuestro entorno. Estoy plenamente convencido de que no hay ninguna maldición que impida a los españoles dedicarnos a la labor científica con inteligencia, entrega y éxito similares a los de nuestros vecinos. Apodado Euclides por sus jóvenes compañeros de la Academia, Jorge Juan podría servir de modelo a tantos alumnos y alumnas aventajados que estudian en nuestros colegios y que podrían ser valorados, estimulados y motivados para llegar a ser científicos, ingenieros o inventores. Pero, aún hoy, nuestro errático sistema educativo parece empeñarse en ignorar la excelencia y en dar la espalda a nuestros jóvenes talentos. A sus 60 años, Jorge Juan estaba en Madrid enfrascado en la construcción de máquinas de vapor, siguiendo las ideas que emergían en Inglaterra. Pero esta tarea fue truncada por un agravamiento de la salud de nuestro hombre, que le conduciría a la muerte el 21 de junio de 1773. Quizás si su fallecimiento no hubiese sido tan prematuro, España no habría perdido el carro de la Primera Revolución Industrial, que se basó, muy específicamente, en la máquina de vapor. La inmensa figura de Jorge Juan nos recuerda ahora, en el 250º aniversario de su fallecimiento, que, durante la Ilustración, España no fue una nación atrasada y carca, como parece que, a veces, algunos están empeñados en hacernos creer. Los hombres de ciencia españoles estaban al tanto de los avances que tenían lugar en el resto de Europa y eran tan capaces como sus colegas extranjeros. La vida del sabio español fue tan asombrosa que, de haber sido francés o anglosajón, habría servido de argumento para una serie de Netflix o similar. Ojalá que esta efeméride sirva para rememorar la figura de uno de nuestros mayores genios nacionales, para hacérsela descubrir a quienes no la conocían, para ofrecerla como modelo a nuestros jóvenes y para hacérsela recordar al amplio sector de la ciudadanía española que la mantiene injustamente olvidada.

Para mas informacion: Rafael Bachiller es astrónomo, director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) y autor de 'El universo improbable' (La Esfera de los Libros)

Publicado en EL MUNDO el 23 Junio de 2023